Minuto a Minuto

Nacional Video: Así evacuaron Palacio Nacional durante la conferencia matutina de Sheinbaum por el sismo del 2 de enero
La conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum fue interrumpida por el sismo de magnitud 6.5 que fue percibido en CDMX
Nacional Se registran réplicas del sismo magnitud 6.5; Guerrero activa protocolo de verificación
La gobernadora de Guerrero informó de "algunas réplicas" del sismo magnitud 6.5, registrado en San Marcos
Internacional Trump insiste en que posee una “perfecta salud” y excelentes resultados cognitivos
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presumió que los médicos le informaron que cuenta con una "perfecta salud"
Nacional Marina repatría restos de mexicanos muertos en accidente aéreo en Galveston
Los cuerpos de las seis víctimas fueron repatriados a México por la Marina para su entrega a familiares
Nacional Habrá tres concentraciones en la CDMX hoy 2 de enero
Dos de las concentraciones para este 2 de enero se llevarán a cabo en estaciones del Metro CDMX

En el número de octubre de la revista Nexos nos hemos reunido a escribir sobre el momento de México José Woldenberg, Jesús Silva-Herzog Márquez y yo.

Creo no equivocarme si les digo que los textos de Woldenberg y Silva-Herzog Márquez son de lectura obligada, de los que hay que hacer subrayando.

“¿Dónde estamos?”, se pregunta Woldenberg en el título de su escrito. Explica: “Preguntarse en dónde estamos como país tiene sentido. Porque con más frecuencia de lo que se piensa vemos los árboles pero no el bosque; el incidente cotidiano, no el mural o el proceso en el que estamos inmersos”.

Woldenberg encuentra el país inmerso en un desencanto democrático que amenaza tirar al niño con el agua sucia de la bañera. Lo encuentra también en un profundo desencuentro con un gobierno que ha dejado ver los pies de barro de su ambicioso proyecto de cambio.

Las razones del desencanto democrático, según Woldenberg, son profundas. Primero, porque la transición a la democracia fue sobrevendida como una solución para todo. Segundo, paradójicamente, porque nunca hicimos cabalmente las cuentas de lo mucho bueno que la democracia sí trajo a la vida pública de México: pluralidad, elecciones efectivas, gobiernos acotados, poderes compartidos. Tercero, porque los 30 años de la transición y de la democracia mexicanas fueron de bajo crecimiento económico, años que ampliaron la desigualdad sin reducir la pobreza. La democracia ha igualado nuestros derechos, la economía no ha igualado a nuestra sociedad.

A esto hay que añadir los años de la impunidad de la violencia y el escandaloso reciclamiento de la corrupción en la vida política.

Dadas estas condiciones acumuladas, apenas puede sorprender que un proyecto ambicioso de gobierno como el establecido en el Pacto por México haya patinado muy rápido sobre los dos pies de barro de la República: la impunidad, emblematizada en los asesinados de Ayotzinapa, y la corrupción, emblematizada por la llamada casa blanca.

“Todo proyecto tendrá pies de barro”, concluye Woldenberg “si no se asienta en un basamento elemental de respeto a los derechos humanos y de gestión republicana (no corrupta).”

No mucho que agregar.

[email protected]