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En el número de octubre de la revista Nexos nos hemos reunido a escribir sobre el momento de México José Woldenberg, Jesús Silva-Herzog Márquez y yo.

Creo no equivocarme si les digo que los textos de Woldenberg y Silva-Herzog Márquez son de lectura obligada, de los que hay que hacer subrayando.

“¿Dónde estamos?”, se pregunta Woldenberg en el título de su escrito. Explica: “Preguntarse en dónde estamos como país tiene sentido. Porque con más frecuencia de lo que se piensa vemos los árboles pero no el bosque; el incidente cotidiano, no el mural o el proceso en el que estamos inmersos”.

Woldenberg encuentra el país inmerso en un desencanto democrático que amenaza tirar al niño con el agua sucia de la bañera. Lo encuentra también en un profundo desencuentro con un gobierno que ha dejado ver los pies de barro de su ambicioso proyecto de cambio.

Las razones del desencanto democrático, según Woldenberg, son profundas. Primero, porque la transición a la democracia fue sobrevendida como una solución para todo. Segundo, paradójicamente, porque nunca hicimos cabalmente las cuentas de lo mucho bueno que la democracia sí trajo a la vida pública de México: pluralidad, elecciones efectivas, gobiernos acotados, poderes compartidos. Tercero, porque los 30 años de la transición y de la democracia mexicanas fueron de bajo crecimiento económico, años que ampliaron la desigualdad sin reducir la pobreza. La democracia ha igualado nuestros derechos, la economía no ha igualado a nuestra sociedad.

A esto hay que añadir los años de la impunidad de la violencia y el escandaloso reciclamiento de la corrupción en la vida política.

Dadas estas condiciones acumuladas, apenas puede sorprender que un proyecto ambicioso de gobierno como el establecido en el Pacto por México haya patinado muy rápido sobre los dos pies de barro de la República: la impunidad, emblematizada en los asesinados de Ayotzinapa, y la corrupción, emblematizada por la llamada casa blanca.

“Todo proyecto tendrá pies de barro”, concluye Woldenberg “si no se asienta en un basamento elemental de respeto a los derechos humanos y de gestión republicana (no corrupta).”

No mucho que agregar.

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