Minuto a Minuto

Nacional Detienen en Playa del Carmen a fugitivo buscado en EE.UU. por fraude
Otmane Khalladi es buscado en EE.UU. por los delitos de fraude electrónico y blanqueo de capitales
Internacional Instituto Nobel reacciona a entrega de medalla de Machado a Trump
El Instituto Nobel destaca que un laureado no puede compartir el premio con otros ni transferirlo una vez que ha sido anunciado
Nacional Defensa realiza tercer vuelo de ayuda humanitaria a Jamaica
Una aeronave Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Mexicana trasladó la última carga de ayuda humanitaria destinada a Jamaica por el huracán Melissa
Entretenimiento Bad Bunny presenta un adelanto de su espectáculo para el Super Bowl
El puertorriqueño se convertirá el próximo 8 de febrero en el primer latino en protagonizar el show del partido más importante de la NFL
Entretenimiento BTS revela el nombre de su nuevo álbum
BTS utilizó el título de la canción folclórica más reconocida de Corea del Sur para nombrar su nuevo disco, con el cual iniciará una gira mundial

Al fin un par de académicos, Rafael de Hoyos y Marco A. Fernández, han puesto en claro, al menos para mí, el verdadero tamaño del castigo que el sistema de evaluación de la reforma educativa infligió a los maestros. “La mal llamada reforma punitiva” (https://bit.ly/2F8N9Hs).

Asombra la facilidad con que se impuso sobre la reforma toda el calificativo de punitiva y la insalvable distancia que hay entre ese calificativo y la realidad.

El castigo laboral infligido por la evaluación educativa, es decir, el número de maestros que perdieron su plaza por fallar en evaluaciones sucesivas es cercana a cero.

De Hoyos y Fernández restituyen los números de dos circuitos de evaluación: el de los maestros de primer ingreso y el de los maestros que tenían ya una plaza.

Hablamos en total de 360 mil 864 docentes evaluados, de los cuales solo 2 mil 935 resultaron agraviados, es decir, perdieron el empleo (los menos) o fueron asignados a tareas administrativas (los más). Hechas todas las cuentas, y muy bien hechas por De Hoyos y Fernández, la que llaman con algún humor “tasa de punitividad” final es de solo 0.8 por ciento de los evaluados.

Dicen los autores con toda razón: “Con una tasa de agravio de 0.8%, no hay evidencia para afirmar que la reforma tenía como objetivo el despido masivo de los docentes, como han dicho infinidad de ocasiones sus detractores”.

Apuntan entonces a lo que su juicio fue y sigue siendo la verdadera carencia y en ese sentido el verdadero castigo de la reforma para los docentes: no un castigo laboral como se pregona, sino educativo.

“El Estado no cumplió con su responsabilidad de ofrecer a los docentes una formación continua pertinente y a la medida de las necesidades identificadas por la evaluación. Y tampoco cumplió con su responsabilidad legal de asignar tutores calificados a los docentes noveles”.

La política ha vuelto al mando de la educación en México y ha empezado por poner el estigma donde no estaba: en su carácter punitivo laboral.

Vistos los números fríos, no encontrarán mucho que corregir en ese lado y sí en los otros de que apenas hablan.