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Al fin un par de académicos, Rafael de Hoyos y Marco A. Fernández, han puesto en claro, al menos para mí, el verdadero tamaño del castigo que el sistema de evaluación de la reforma educativa infligió a los maestros. “La mal llamada reforma punitiva” (https://bit.ly/2F8N9Hs).

Asombra la facilidad con que se impuso sobre la reforma toda el calificativo de punitiva y la insalvable distancia que hay entre ese calificativo y la realidad.

El castigo laboral infligido por la evaluación educativa, es decir, el número de maestros que perdieron su plaza por fallar en evaluaciones sucesivas es cercana a cero.

De Hoyos y Fernández restituyen los números de dos circuitos de evaluación: el de los maestros de primer ingreso y el de los maestros que tenían ya una plaza.

Hablamos en total de 360 mil 864 docentes evaluados, de los cuales solo 2 mil 935 resultaron agraviados, es decir, perdieron el empleo (los menos) o fueron asignados a tareas administrativas (los más). Hechas todas las cuentas, y muy bien hechas por De Hoyos y Fernández, la que llaman con algún humor “tasa de punitividad” final es de solo 0.8 por ciento de los evaluados.

Dicen los autores con toda razón: “Con una tasa de agravio de 0.8%, no hay evidencia para afirmar que la reforma tenía como objetivo el despido masivo de los docentes, como han dicho infinidad de ocasiones sus detractores”.

Apuntan entonces a lo que su juicio fue y sigue siendo la verdadera carencia y en ese sentido el verdadero castigo de la reforma para los docentes: no un castigo laboral como se pregona, sino educativo.

“El Estado no cumplió con su responsabilidad de ofrecer a los docentes una formación continua pertinente y a la medida de las necesidades identificadas por la evaluación. Y tampoco cumplió con su responsabilidad legal de asignar tutores calificados a los docentes noveles”.

La política ha vuelto al mando de la educación en México y ha empezado por poner el estigma donde no estaba: en su carácter punitivo laboral.

Vistos los números fríos, no encontrarán mucho que corregir en ese lado y sí en los otros de que apenas hablan.