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Al final, el régimen de Andrés Manuel López Obrador sí puede presumir un “Milagro Mexicano”.

Y no precisamente porque haya revivido las viejas glorias de aquellos años 60 del siglo pasado, a lo que también se le llamó el Desarrollo Estabilizador, sino por la manera como la economía mexicana se mantiene resiliente a pesar de las pésimas decisiones y acciones del régimen actual.

En resumen, el gobierno federal es un lastre para el desarrollo económico. Y en el detalle, la falta de seguridad pública, de garantías legales, de infraestructura, de energía suficiente, de servicios públicos eficientes, de estímulos productivos y de un sano ambiente de gobernanza hacen ver milagroso que México mantenga a estas alturas tasas de crecimiento positivas.

El comercio exterior es uno de los mejores ejemplos. Así como el México de la postguerra aprovechó ese impulso de la recuperación mundial para generar el Desarrollo Estabilizador, así ahora este país está muy bien pescado de una dinámica económica estadounidense que hasta hace poco estaba llamada a vivir en recesión a estas alturas del 2024.

China es el milagro económico más importante de nuestra era, pero es un gigante que ahora mismo está dando tropezones y México encontró ahí espacio suficiente para que las exportaciones a Estados Unidos, el mercado de consumo más grande del mundo, ocuparan el primer lugar en cuanto al monto.

Es un milagro cuando al mismo tiempo somos testigos de cómo las obsesiones militaristas del régimen entregan funciones propias de los civiles a las fuerzas armadas, como la gestión de las aduanas. Y en esa confusión de atribuciones, vienen los problemas.

Las 50 aduanas del país estuvieron paralizadas durante 40 horas porque los sistemas de despacho, bajo la tutela del Servicio de Administración Tributaria pero operados por la Secretaría de Marina, colapsaron y se detuvieron todas las operaciones de este país.

Así, durante esas mismas horas de crisis aduanera, desde el régimen se encargaban de presumir ser el principal proveedor de mercancías de Estados Unidos.

La confirmación de esta grave crisis se dio por parte de los sectores afectados que recibieron la notificación de la Agencia Nacional de Aduanas de México, fue así como se pudo conocer la dimensión del problema, porque de manera oficial lo que privó, como siempre, fue el silencio.

Claro que para la enorme industria exportadora mexicana esto no se podía esconder, sobre todo porque durante esas horas se detuvieron muchas líneas de producción, se vieron enormes filas de camiones en los cruces fronterizos que seguro hasta el momento se mantienen por los retrasos generados.

Se enteraron los trabajadores del sector exportador que ganan por hora y tuvieron horas perdidas, lo supieron las empresas que vieron en esos retrasos cómo se perdían cientos de millones de dólares. Todos ellos fueron testigos directos de una autoridad federal paralizada, escondida y silente.

Todo sistema informático puede fallar, pero toca a una autoridad competente mostrarse proactiva y dar explicaciones y, sobre todo, soluciones. Ni el personal armado ni el personal civil de este gobierno fueron capaces durante todo ese tiempo de hacer algo asertivo.

Vaya que México es un verdadero milagro económico que ha sobrevivido a la ineptitud gubernamental. Pero hasta los grandes milagros tienen sus límites.