Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

El mexicano que se acostumbra a sobrevivir

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Laura GarzaEnfoque Manual

Este hombre camina como cualquier triatleta lo haría, con un poco de peso y yendo contra corriente. Es quien representa al mexicano que se derrumba y que se para con lo mucho o poco que tiene y continua el camino de sobrevivencia

No somos un país que esté preparado para recibir el impacto de cualquier tipo de huracán, no tenemos la infraestructura y nunca se ha ideado un plan que en serio proteja a los más vulnerables en espacios tan abiertos como el campo.

Pareciera que no tenemos escapatoria a la hora de votar, porque ninguno le dedica tiempo a visualizar los posibles escenarios ante el inminente crecimiento de lluvias y de calor.

Es como si se desconociera la geografía de nuestro país, que los ríos y las presas solo se conocen cuando se desbordan, pero no antes, no para preparar a la gente que vive a su alrededor, no para proteger la cosecha, ni mucho menos para contemplar albergues rápidos y otorgar una pronta ayuda a quienes pierden todo.

Casi como si el mexicano que trabaja la tierra, que nació y creció en tierras familiares con la tradición de continuar la cosecha, con un trabajo digno que apenas si les alcanza para construir sus casitas y mantener a la familia, tuviera un destino fatídico a la hora de las lluvias.

La fotografía del fotoperiodista Jaime Avalos de la agencia EFE, en donde vemos a un hombre vestido de camiseta azul marino con rayas amarillas, un short o pantalón color café, sosteniendo en su hombro izquierdo un tronco de madera, mientras que de su mano derecha tiene un par de plátanos o alguna fruta similar.

Camina como cualquier triatleta lo haría, con un poco de peso y yendo contra corriente, poniendo toda su fuerza en las piernas para no caerse ante la corriente del agua que cruza el camino.

 

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En la foto, un damnificado por las lluvias en tabasco. Foto de Jaime Avalos/EFE

 

Quizá la misma ruta que antes hacía, pero sin agua, con piso firme, tierra y con el alambrado de las tierras cosechadas por los vecinos, o conocidos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo días atrás, que en Tabasco él se movía “como pez en el agua”, desconozco si fue una especie de sarcasmo, si era para contrarrestar la indiferencia de la gente ante su visita o fue una frase enviada a la gente para que les cayera como anillo al dedo, con eso de que están sobre-viviendo en el agua.

En realidad, nunca se ha entendido las intenciones de sus discursos, ni mucho menos su narrativa de querer un país abandonado.

El huracán Eta, los ríos Grijalva y Usumacinta, la compuerta de El Macayo, para salvar a unos pero ahogar a otros.

Las comunidades rurales, las indígenas y donde se encuentra la gente más pobre del estado, allí es donde decidieron los que visten de traje y no se mojan los zapatos, que el agua no debería de tener límite.

Había que salvar la capital, a costa de la gente que vive al día con su propio ganado, de su siembra, con sus electrodomésticos básicos, con sus casas que hoy lucen desbaratadas.

El día de hoy, el diario El País publicó un reportaje crudo sobre la situación que vive Tabasco y su gente, el trabajo fotográfico de Héctor Guerrero nos dejó la piel chinita y un montón de preguntas.

Este hombre que vemos en la imagen de Ávalos es quien representa al mexicano que se derrumba y que se para con lo mucho o poco que tiene y continua el camino de sobrevivencia.

Es el mexicano que se ha acostumbrado a la falta de atención de todos aquellos que llegan cada tiempo a pedirles su voto, es el que se ha quedado en espera de sus promesas, es el que se ha convertido en un número más de esos casi 300 mil damnificados, es un pedacito de una cifra monstruosa.

Es el mexicano que se ha acostumbrado a no tener mucho, porque podría ser que lo perdiera todo en un parpadeo.

Es el que se levanta para caminar entre el agua revuelta, ignorando lo que rosa sus piernas al andar, el que ve pasar la basura o las pertenencias de alguien más que se quedó como él, sin nada.

Una fotografía donde el ser humano y sus circunstancias proyectan su entorno visible y el invisible también, a través de su mirada, del color oscuro de su piel asoleada por andar durante el día recorriendo la zona inundada con el fin de rescatar “algo” de lo perdido o al menos encontrar algo que comer.

A muchos mexicanos se les inundó la vida entera, mientras que a otros les da lo mismo hacer, que no hacer.

Por suerte tenemos las imágenes para acercarnos a ese dolor y la angustia de quien pierde todo y de quién sin tener mucho, se quedó si nada.

Ojalá podamos ayudar, y confiemos en que todo lo que se reúna en los distintos centros de acopio en el país llegue directo y en buen estado.

  1. Solos

    Por eso nos fotografiamos y creamos imágenes en nuestra nueva vida, para descubrir lo bello de hacer lo más simple y vago, pero nuestro

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