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Con la captura y muerte de El Mencho, la presidenta Sheinbaum parece poner fin, con un hecho indiscutible, a la política de abrazos, no balazos, mediante la cual López Obrador dio campo abierto al crimen organizado y provocó 300 mil muertes en México, desde 2018.
¿Que la eliminación del principal capo del mundo fue patear el avispero? ¿Qué fue por presiones de Donald Trump? Pues sí. Pero es preferible combatir al narcotráfico que rendirle el Estado, como decidió López Obrador. Ayer, Sheinbaum aplicó la fuerza del Estado.
La caída de El Mencho se produjo cinco días después de que el Senado aprobara la entrada del Grupo de Operaciones Especiales del Comando de Operaciones Especiales Norte de EU. Y, esto es otra buena noticia: México acepta la ayuda de Washington, como debe ser.
Se trató de un operativo ejecutado por los militares mexicanos, en el que el ejército estadounidense jugó un papel importante de apoyo. Fox News, la cadena oficiosa de Trump, señaló que la coordinación con EU para abatir al capo fue, justamente, a través del Comando Norte.
Pero la captura y muerte de El Mencho no significa ruptura ni giro ideológico de Sheinbaum con López Obrador: es un ajuste táctico ante la presión estadounidense para que combata al crimen organizado, so pena de que a México le vaya mal en la renegociación del T-MEC.
Es también pura supervivencia estratégica, por parte de Sheinbaum: la captura y muerte de El Mencho le quita, de momento, el apremio de cumplir la exigencia de Trump de entregarle cabezas de narcopolíticos, la inmensa mayoría de los cuales son miembros de su partido. Gana tiempo.
Como sea, el operativo demostró lo mal que quedaron el Ejército y sus servicios de inteligencia, tras la inmovivilidad a la que los llevó el sexenio de López Obrador: fueron incapaces de prever y contener el estallido de violencia que azotó al país, en las horas siguientes a la caída del capo.
Hasta Sheinbaum salió a la calle en modo campaña para dar una sensación de seguridad, que nadie compró: medio país estaba en llamas, tanques en las calles, vuelos comerciales desviados, carreteras cerradas por vehículos incendiados, anuncio de clases canceladas para hoy…
La presidenta perdió la oportunidad de dejar de ser la política que busca ganar, con baños de pueblo, la siguiente elección, para ser una estadista que conduce la seguridad nacional desde el máximo puesto de mando en el país, durante una crisis nacional.
Por eso Sheinbaum debe demostrar si vivimos el fin de los abrazos y no balazos, o es una adaptación circunstancial a la presión estadounidense, que puede aflojar tras la eventual derrota de Trump en las elecciones intermedias de noviembre.
Esto no acaba en El Mencho.