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Por primera vez en años hubo desabasto de gasolina. Luego, de medicinas. Ahora, de insecticidas que terminan en brotes de dengue. Mañana, de libros de texto.

A lo largo del gobierno y del país aparecen quejas de desabasto, desinversión, falta de cosas que no faltaban: en las estancias infantiles, en los refugios para mujeres golpeadas, en los centros de investigación, en las policías estatales, en las fuerzas armadas o las de migración.

Si uno busca la constante de estas cosas que suceden hoy y no sucedían antes, tiene que mirar hacia el manejo austericida del presupuesto.

Uso la palabra austericida en recuerdo del ex presidente español Felipe González, quien la usó hace unos años para advertir a los gobiernos de Europa que su política de austeridad a rajatabla, inspirada por Bonn, estaba matando lo que buscaba curar.

Algunos rasgos de austericidio pueden encontrarse ya en varios ámbitos de México. Para curar al país de la corrupción y al gobierno de su ineficiencia se ha aplicado una política hacendaria de tierra quemada, donde primero se borra la partida que parece superflua o corrupta y luego se mira a otro lado cuando los efectos matan y se incendia la pradera.

El mecanismo austericida mexicano es una mezcla de dureza presupuestaria neoliberal y solidaridad presupuestaria populista. La autoridad corta neoliberalmente el presupuesto donde cree que hay corrupción o dispendio, para asignar lo recortado donde cree que hay pueblo desatendido.

El mecanismo tiene una lógica política: quiere alimentar con el presupuesto a los votantes que sostendrán el proyecto. Lo que empieza a suceder es que los recortes presupuestales causan daños reales, pero no están creando nuevos beneficios tangibles.

Lo último que quiero sugerir aquí es que no le den dinero en efectivo a quienes lo necesitan. Quiero solo decir que el nuevo gobierno debe asegurarse de que lo que da es sólido, que puede durar en el tiempo, y de que lo que reasignan no es a costas de gente que también lo necesita.

Que no paguen a supuestos beneficiarios futuros con el dolor de reales damnificados presentes.

Que ajusten el mecanismo.