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Piense en algún influencer de las redes sociales y su proyección de una persona perfecta; recuerde la imagen de alguna pareja ideal, que usted sabe que su vida diaria no es tan armónica como su post; o entre en su móvil para ver la fotografía de unas vacaciones de ensueño, que claramente es una edición con Inteligencia Artificial.

Bueno, México vive bajo un filtro propagandístico desde la narrativa oficial que desafortunadamente convence a muchos ciudadanos.

En la mañanera, y en los espacios con influencia gubernamental, se presentan imágenes de un país con colores vibrantes, ángulos perfectos y una estabilidad que una mayoría de la población consume y celebra.

Sin embargo, cuando se quitan esos filtros, cuando los influencers gubernamentales apagan sus cámaras, lo que queda al descubierto es una estructura en desorden.

El “Insta” del gobierno marca que el país va por la ruta del éxito, pero los indicadores sostienen que tanto el andamiaje económico como el democrático muestran grietas profundas. El problema es que vivir en una imagen retocada, hace que tarde o temprano los problemas reales acaben por arruinar la foto.

Entre los que padecen la realidad sin filtro están los empresarios afiliados a la Confederación Patronal de la República Mexicana que recientemente publicó los resultados de su Data Coparmex que muestran la realidad de que el “Ánimo para invertir” se encuentra en niveles críticos de apenas 39.4% de los empresarios que consideran éste un buen momento para arriesgar sus recursos.

No es falta de dinero, es falta de confianza, sobre todo cuando casi la mitad de las empresas del país,46. 8%, reporta haber sido víctimas de algún delito durante el último año.

Claro que el posteo de réplica del oficialismo sería que se trata de la visión de los comentócratas y neoliberales que quieren que fracase la transformación. Pero cuando la nítida realidad de México se puede ver desde el exterior llegan reflexiones contundentes como la del Global Risks Report 2026 del World Economic Forum (WEF) que coloca a este país dentro del radar de la vulnerabilidad sistémica.

Este reporte identifica precisamente la desinformación y la polarización social como los riesgos más peligrosos a corto plazo. Es bajo ese manto de desinformación donde el régimen ha encapsulado a una gran parte de la ciudadanía para distraerla del desmoronamiento institucional con su retórica triunfalista.

Estos son documentos recientes de Coparmex y del WEF, pero es el mismo sentir de las firmas de análisis, de los bancos, de las encuestas entre especialistas y de la gran mayoría de los estudios internos que los directivos de las grandes empresas reciben en sus computadoras.

El peligro de este México con filtros es que la erosión institucional no es un proceso estético, sino estructural. Mientras una mayoría se distrae con el feed de un éxito ficticio, el andamiaje que permite la inversión y el crecimiento se debilita a plena luz del día.

La economía no entiende de propaganda y los mercados no se dejan engañar por los algoritmos de la retórica oficial y cuando la realidad económica nos alcance, no habrá edición digital que pueda ocultar el impacto de un país sin confianza.