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Para todos fue clara la intervención ilegal del gobierno en las elecciones de junio, el uso de los recursos del Estado y de la autoridad en favor del partido en el poder y de sus candidatos.

Ya era una forma de Gran Poder.

Fue claro el gasto clientelar sin precedentes, oficial, en busca de votos. Y fue clara también la conducta pública del Presidente, que mereció decenas de amonestaciones tanto del INE como del Tribunal Electoral.

Estos componentes de la elección de Estado de junio explican parte sustantiva de los votos, venidos de la manipulación del gobierno y de un presidente en abierta campaña electoral para los suyos, olvidando que su chamba era gobernar para todos.

La elección de Estado explica mucho del resultado. Pero hay otra parte de la elección que se explica por otras razones. La primera de ellas es que el proyecto y el discurso del Presidente conectaron con el ánimo mayoritario de la sociedad.

La mayoría de los mexicanos quería esa propuesta de gobierno autoritario y clientelar, pese a sus pobres resultados.

Una mayoría de la sociedad, no sólo sus clientelas sociales, quería refrendar a este gobierno.

No hay que exagerar con adjetivos como abrumador o arrasador el refrendo del que hablamos.

En el 63% de la votación alcanzado por Claudia Sheinbaum queda un 37% que dijo no.

Y en el 54% que votó por la coalición oficialista para el Congreso queda un 46% que votó en contra.

Otra cosa es que las maniobras parlamentarias y las fisuras de la ley permitan a los ganadores tratar de adjudicarse el 73% de los asientos en la Cámara de Diputados, 365 de 500, y el 64%, 83 de 128, en la de Senadores. Habiendo ganado sólo el 54% y el 46%.

Esas hipermayorías fabricadas, suficientes para cambiar la Constitución, no vienen de los votantes, sino del poder y de las maniobras.

Son parte de la “poselección de Estado”, y le dan al nuevo gobierno el verdadero Gran Poder: cambiar la Constitución y apropiarse del Poder Judicial.

Queda pendiente explicar por qué la mayoría de la sociedad quiere un gobierno grande, el Gran Poder que ha votado.