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En las últimas semanas el gobierno federal ha perdido el mando narrativo sobre la vida política de México.

Lo han sorprendido las atrocidades reveladas de Teuchitlán, que le son mayoritariamente atribuidas.

Lo ha descolocado, en su proclamada identidad feminista, el grotesco amparo brindado por Morena y asociados a Cuauhtémoc Blanco, político acusado de varios delitos y de abuso sexual.

Sobre todo, lo han sacado de su zona de autonomía política las amenazas, cumplidas e incumplidas, del gobierno de Trump, a la vez perentorias e imprevisibles.

Lo que no inflige Trump como daño directo a la economía, lo inflige como incertidumbre de lo que seguirá.

Naturalmente, este último es el ámbito de mayor pérdida de mando narrativo y político del actual gobierno.

De nada valen los altos registros de popularidad de la Presidenta, ni su mayoría en el Congreso, para responder a las exigencias de Trump.

Son exigencias imposibles de cumplir, entre otras cosas, porque su juez de cumplimiento es el propio Trump.

Consecuencia de esta unilateralidad en la exigencia y en el juicio es lo que vimos hace unos días con la visita de la secretaria de Seguridad Nacional estadunidense, Kristi Noem.

Al final de la visita, la presidenta Sheinbaum dijo que había sido “provechosa” para ambas naciones, con respeto a la mutua soberanía.

La señora Noem dijo que México está actuando bien, pero “falta mucho por hacer”.

El mecanismo político instalado por Trump, no sólo con México, es como una rueda para hámsteres. No importa cuánto pedalees, siempre falta mucho por pedalear.

No está en el ámbito de la soberanía, ni de la destreza diplomática mexicana, contener a Trump.

A Trump lo detendrán sólo sus propios resultados catastróficos dentro de Estados Unidos, en las encuestas y en la economía.

Y aun eso no bastará, ha sugerido el propio Trump, pues es lógico que su cruzada de “liberación” de Estados Unidos de las sanguijuelas globales que lo sangran, tenga un tiempo de crisis antes de florecer.

Mañana, 2 de abril, es el anunciado día D de la ofensiva de Trump sobre México. Y no tenemos aún una idea precisa de lo que hará.