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Es un hecho que aquellos que compraron dólares el 1 de diciembre en 16.50 y que 10 días después los vendieron en 17.40 pesos hicieron un buen negocio en un mercado que además ya no contaba con el puntal de los 200 dólares diarios de la Comisión de Cambios.

Y no es nada descartable que los que en estos días se surtan de dólares a estos precios puedan sufrir minusvalías con un regreso de la cotización del peso por debajo de los 17.

Si algo puede presumir la autoridad monetaria es que prevalece la sensación de que por más que se deprecie el peso hay poco impacto en la inflación. Pero las percepciones cambian.

Hoy, ni el peso depreciado es sinónimo de más inflación, pero tampoco el peso débil es igual a mayor competitividad exportadora.

Es tan estrecha la cadena industrial con Estados Unidos que hoy compartimos la suerte de las exportaciones estadounidenses caras, más que las exportaciones mexicanas baratas. Los datos de la actividad industrial de los dos lo demuestran.

Con el petróleo tan castigado y a dos días de la reunión donde se supone que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) habrá de subir su tasa de interés de referencia, el resultado es un peso severamente vapuleado.

En el caso del petróleo habrá que esperar a que los bajos precios hagan imposible bombear las cantidades actuales de hidrocarburos y eso equilibre las cotizaciones. A la par que hay que confiar en que los grandes consumidores como China incrementen sus niveles de demanda, ya este fin de semana presentó mejores números esa economía.

Y por lo que hace a las monedas, este miércoles sabremos si hay aumento o no de la tasa de referencia. Pero más importante que eso será conocer el comunicado de la Fed donde deje ver cuáles son sus planes para el próximo año.

Eso va a marcar la suerte del peso y otra larga lista de divisas, pero un diferenciador vendrá desde dentro. El jueves el Banco de México determinará buena parte de la suerte de los flujos financieros hacia la economía mexicana.

Es un hecho confesado que si la Fed sube su tasa de referencia, Banxico hará lo mismo. Lo que ahora se especula es el monto del incremento.

Si el banco central mexicano calca un incremento de 25 puntos base podría garantizar dólares caros por un buen rato, por no parecer un premio suficiente para los inversionistas. A cambio de ello, no encarecería tanto el costo del peso para mantener el dinamismo del crédito como hasta ahora.

Si el Banco de México sube su tasa de referencia medio punto porcentual, sí podría tener un efecto inmediato en la cotización del peso frente al dólar, podría regresar con facilidad a niveles inferiores a 16.50 y paliaría un poco la depreciación que enfrenta el peso por la baja del petróleo.

Pero México tendría una tasa de interés superior a la inflación que podría restringir algunos tipos de crédito y podría estimular las inversiones financieras sobre las directas.

Es una ponderación muy fina entre los efectos negativos que sí tienen los dólares tan caros en la economía mexicana y la condición de una economía que empieza a mostrar un mejor dinamismo en su consumo interno.