Minuto a Minuto

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La espuria sobrerrepresentación en el Congreso de la Unión y el control en las legislaturas locales hacen posible que el espíritu del Constituyente sea traicionado
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Familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa marchan en CDMX para exigir verdad y justicia en este décimo segundo aniversario
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Cerca del 15 % de las claves no fue adjudicado y continuará su proceso mediante licitaciones adicionales antes de que termine 2026
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Fueron detenidas cinco personas por su posible relación con el traslado ilegal de personas y de hidrocarburos hacia Estados Unidos
Nacional Hospital del IMSS entrega por error a dos bebés en Mexicali
Un equipo de nivel central viajó para reunirse con las familias; el IMSS reconoció la entrega equivocada y que no comunicó la situación

El triunfo de AMLO en la elección presidencial tiene en especial tres lecturas:

1.- Quedó enterrada la historia negra del fraude electoral que, en las dos elecciones presidenciales precedentes, había atizado justamente el triunfador de ayer, al no aceptar entonces al ganador de turno, acusando trampa.

2.- La transición democrática mexicana acabó, tras 18 años de iniciada: las transiciones acaban cuando se consolida la alternancia en el poder y, desde el año 2000, ya llegaron al poder el centro, la derecha y la izquierda.

3.- El sistema político y las instituciones electorales que hasta ahora AMLO había desconocido, no tuvieron óbice en otorgarle el honor de ser presidente electo, ni de contar y autenticar los votos que le dan ese derecho.

Con una jornada electoral digna de ser fiesta cívica, la aceptación inmediata de la derrota del candidato oficialista, y el intachable comportamiento de las instituciones, se cumplió la sentencia de Madero en 1910:

“Ningún poder es capaz de encontrar un sucesor más digno que la ley”.

Eso ocurrió ayer: la gran triunfadora fue la ley. En la misma noche fueron dados a conocer los resultados, los candidatos perdedores reconocieron la derrota y todo mundo acepto el suceso como un hecho de la democracia.

Sería jugar con las palabras escribir que todo México está feliz, después de un proceso electoral enconado en el que para muchos estuvo en juego la permanencia del actual sistema y el inicio de uno diferente. Sin embargo, nadie falta a la verdad, si escribe que todo México está satisfecho.

O, en todo caso, debería estarlo, porque cada mexicano hizo lo que le tocaba durante el proceso electoral:

1.- Los ciudadanos, al escoger y decidir (con todos los acentos de pasión existentes) por el candidato de su preferencia.

2.- Los candidatos, al pelear con denuedo (con todos los argumentos, acciones, palabras, gestos, actitudes humanas y legales posibles) por alcanzar la victoria.

3.- El gobierno, al actuar de manera imparcial sin meter las manos en el proceso electoral.

4.- Las autoridades electorales, al llevar a buen puerto un proceso que a diario fue puesto a prueba con gritos adelantados de fraude, y amenazas de soltar tigres y diablos.

Sólo falta que le vaya bien a AMLO como próximo presidente de México, porque si le va bien al presidente, le va bien a México. Sin embargo, AMLO no debe olvidar que no votó el 40 por ciento de los mexicanos; y que del 60 por ciento que sí voto, el 30 por ciento lo eligió a él.

Entonces, casi la mitad de los mexicanos tenía expectativas de contar con un presidente que no era AMLO. Corresponde, desde hoy, al presidente electo, iniciar la reconciliación.

Ya como estadista.