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De acuerdo con declaraciones de la Casa Blanca y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, las negociaciones entre China y Estados Unidos para resolver la disputa comercial que comenzó oficialmente en marzo del año pasado han logrado avances importantes y están entrando en su fase final.

Dichos avances apuntan hacia un posible acuerdo a firmarse a finales de este mes entre el presidente Xi y Donald Trump.

El acuerdo, además de evitar la entrada en vigor de sanciones comerciales adicionales por parte de Estados Unidos a China, eliminaría aranceles a por lo menos 200,000 millones de dólares de importaciones provenientes de ese país.

A cambio, China se comprometería a eliminar ciertas barreras comerciales —tanto arancelarias como no arancelarias— y se obligaría a incrementar sus importaciones de bienes producidos en Estados Unidos con el objetivo de lograr una reducción tangible en el déficit comercial de Estados Unidos con China.

Este desenlace será sin duda promovido por la administración Trump como una gran victoria.

Sin embargo, la victoria será pírrica si no se incluyen otros temas fundamentales en el acuerdo como las transferencias forzadas de propiedad intelectual. Como analizamos en este espacio a mediados del año pasado, la estrategia de confrontación comercial con China tenía ciertos méritos.

El objetivo primordial de la administración Trump de reducir el déficit comercial entre Estados Unidos y China es una meta absurda que denota la falta de entendimiento básico de fundamentos económicos por parte de Trump y algunos miembros de su administración. Resulta irónico que el déficit comercial de Estados Unidos acaba de registrar su cifra más alta en la historia a pesar de los miles de millones de dólares de aranceles impuestos a sus socios comerciales. Sin embargo, China ha ejercido una posición ventajista en otros temas comerciales de gran importancia.

A diferencia de la gran mayoría de los socios de la OMC, China sigue siendo una economía donde el Estado juega un papel preponderante en la economía, ejerciendo una gran influencia directa e indirecta sobre la gran mayoría de los factores de producción, incluyendo al creciente sector privado.

Esto se ha traducido en la permanencia de una serie de barreras no arancelarias de entrada para las empresas extranjeras buscando invertir en China.

El requerimiento forzoso de incluir un socio local y de transferirle tecnología se convierte en la cesión de años de investigación y desarrollo a un socio nuevo que no es siempre confiable. Para muchos especialistas, esta práctica constituye un robo disfrazado de tecnología por parte del Estado en China.

Las negociaciones comerciales han logrado avanzar debido a que tanto Estados Unidos como China parecen tener mayores incentivos para hacer ciertas concesiones que permitan llegar a un acuerdo.

Por el lado de China, la economía está una notable fase de desaceleración que podría agudizarse con la entrada en vigor de nuevos aranceles.

En el caso de Estados Unidos, la administración Trump está urgida de una “victoria” y consciente de que los mercados podrían sufrir otro fuerte tropiezo como el de diciembre si no se logra un acuerdo pronto.

Si bien los planes económicos y políticos en China se gestan con una visión multianual de muy largo plazo, el presidente Xi Jinping podría aprovechar la creciente necesidad de Trump de presumir una “victoria” para llegar a un acuerdo con concesiones mínimas y cosméticas que Trump tratará de vender a su electorado como un gran logro.

Aunque el acuerdo podría incluir medidas como el compromiso de China de no manipular su moneda y de incrementar sus compras de ciertos productos estadounidenses, contribuyendo a disminuir el déficit comercial de Estados Unidos temporalmente, la ausencia de acuerdos concretos y mecanismos de supervisión eficaces para evitar el robo de tecnología harán de China el principal triunfador de la disputa comercial.

Sin embargo, los mercados podrían reaccionar de manera positiva ante la eliminación de los aranceles y una fuerte disminución en el riesgo de nuevas barreras comerciales.