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Desde un principio aseguró que sabía cómo hacerlo y pidió confianza en sus resultados. Claro, conoce perfectamente bien que la mayoría de la gente no tiene ni idea de la forma como se tienen que hacer las cosas y que lo asumen más bien como un acto de fe, de ilusión.

La realidad es que, al principio, cuando asumió el mando, tomó muchas decisiones muy controversiales, que reprobaron de inmediato los sí que tienen el conocimiento de cómo se hacen las cosas, pero como aparentó un proceso de transformación el pueblo lo dejó ser, se entregó y confió en que después de tantas decepciones había llegado el momento de hacer historia.

Son ya casi cuatro años al frente y ha sido un desastre su manejo de las cosas. Podemos estar, de hecho, ante uno de los peores momentos de la historia, comparable quizá solamente con la corrupción de los años 80 que nos sacó de la competencia mundial. Pero hoy, ese liderazgo que prometía tanto y que ilusionó a millones ha sido un fracaso.

Vale ya acotar que hablo de Gerardo “el Tata” Martino, quien asumió la dirección técnica de la selección mexicana de futbol soccer en enero del 2019, hace casi cuatro años, que ilusionó a muchos que creyeron con fe en que daría buenos resultados.

Sí, ganó la Copa Oro del 2019, pero la derrota en partidos clave de la preparación premundialista y la baja tasa de goles anotados anticipaban que llegaría este día. Hoy estamos así, con más rezos que certezas, rogando una combinación de resultados para poder llegar a la gran meta mexicana de jugar el quinto partido.

Antes de que acabe este día viviremos la gran desilusión de no haber pasado de la primera ronda o bien estaremos festejando alguna especie de milagro que terminará tan pronto como llegue el siguiente partido.

Ojalá que después de esto quede la enseñanza de que hay que atender las señales a tiempo. Si algo claramente no funciona, hay que atenderlo, pedir cuentas y corregirlo, sin esperar milagros mesiánicos.

En el caso del soccer hay un contrato de Martino que vence el último día de este año, podría adelantar su salida a este mismo día. Pero hay un contrato que se rescinde o se amplía con base en resultados.

Pero en esta evidente analogía de la condición del país, existe también un contrato con aquellos que claramente no han dado resultados a México y se va a renovar en año y medio en las urnas.

Los contratantes tienen que ser capaces de ver que todo aquello que se les prometió no se ha cumplido y que lejos de que la economía no ha metido muchos goles, no ha habido crecimiento, la pobreza ha aumentado, hay una peor seguridad pública y social, en fin, la realidad es que estamos a punto de ser eliminados de la lista de los países que podrían tener mejores niveles de desarrollo y democracia.

No se puede idolatrar a un “director técnico” que no da resultados solo por su carisma y porque le habla bonito al pueblo.

Si pedimos la cabeza de quien fracasó en una competencia deportiva, lo menos que podemos hacer es pedirle cuentas a quien nos ha fallado en la conducción del país.