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La alta inflación puede esconder el efecto positivo que tiene en los precios al consumidor la apreciación del peso frente al dólar en los productos importados.

En un año el dólar ha perdido 16% de su valor frente al peso. En números redondos, pasó de los 20 a los 17 pesos. Esto no sólo implica que el Presidente López Obrador tenga la oportunidad de hacer caravana con sombreo ajeno, significa que los bienes y servicios en dólares son más baratos en pesos respecto a un año atrás.

Entre lo malo, las exportaciones son más caras, el turismo en México es más costoso que en otros destinos y las remesas que envían los mexicanos desde el exterior compran mucho menos en el mercado local.

Entre lo aprovechable, puede haber un costo financiero menor para las deudas en dólares, aunque habría que ver si las altas tasas de interés no eliminan el efecto cambiario. Pero en términos del consumo, los bienes importados se adquieren a un costo menor en pesos.

México y Estados Unidos han estado en una etapa de alta inflación y esto encarece los precios con respecto a las referencias históricas que tengamos, pero el efecto cambiario debería notarse.

Claro, lo aprecian más los importadores y distribuidores que los consumidores finales. No son pocos los intermediarios que encuentran en esa ventaja cambiaria un mayor margen de utilidad.

México, como una economía abierta, cuenta con muchos productos importados, bienes intermedios, de consumo duradero o alimentos, un dólar barato implica una ventaja competitiva para los importadores sobre los productores locales que pagan precios en pesos.

Un referente macroeconómico que comprueba esto es el Indicador Mensual del Consumo Privado en el Mercado Interno que elabora el Inegi. Una de las mediciones básicas tiene que ver con la compra de productos importados o de origen nacional.

En términos anuales, hasta mayo pasado el consumo de bienes de origen nacional presentaba una baja de 1.9 por ciento. Esto quiere decir que en mayo del 2022 se vendían más productos nacionales que en mayo pasado.

Pero si vemos la venta de productos de origen importado, tenemos un incremento en términos anuales de 16.1 por ciento. Lo que significa que el efecto cambiario sí marca una diferencia en el mercado de consumo doméstico.

Las gráficas son contundentes, a la par de la apreciación del peso frente al dólar se nota un meteórico crecimiento de la venta de productos importados, a la par que se achata, hasta niveles de iniciar un descenso, la venta de productos de origen nacional.

En términos del consumidor, participar en un mercado de libre comercio y con esa ventaja cambiaria permite que, por ejemplo, en la encuesta sobre confianza del consumidor del mes pasado la pregunta sobre las posibilidades en el momento actual de los integrantes del hogar, comparadas con las de hace un año, para realizar compras de muebles, televisor, lavadora o de otros aparatos electrodomésticos, sea la que muestre el mayor porcentaje de mejora.

El punto es que la fortaleza actual del peso frente al dólar es altamente sensible a las variaciones financieras y un ajuste brusco que lo lleve a niveles que ya experimentó en el mediano plazo puede generar una nueva burbuja inflacionaria y nueva desconfianza entre los consumidores.