El error de Peña


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Norma Meraz¡Digamos la verdad!

Bendito respiro el que disfrutamos hoy, con el fin de las campañas electorales. No más interrupciones de mis programas favoritos en los medios

Bendito respiro el que disfrutamos hoy, con el fin de las campañas electorales.

No más interrupciones de mis programas favoritos en la TV, ni en la radio que tanto nos informa y alegra.

Sin embargo no podemos dejar en el tintero, temas que nos heredo este proceso electoral .

El candidato Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia de la República con el 53 por ciento de los votos -una cifra récord en la historia de México-.

Los más de 30 millones de votos revelan la inquebrantable voluntad de los electores, de dar un NO al estatus quo.

Hay otro 47 por ciento que no votaron por él, ni por candidatos a gobernador en Guanajuato, Puebla y Yucatán .

La mitad del padrón que no votó por López Obrador se convertirá en una oposición muy activa, dado que en las apuestas no pintaba el hoy candidato ganador.

Aunque el 37 por ciento sea minoría, en el Congreso son votos que pesarán a la hora de aprobar las iniciativas que envíe el Ejecutivo.

Esta oposición sumará a la llamada “sociedad civil”, que estará muy activa y a otros poderes fácticos que por ahora están agazapados.

Visto así, puede considerarse que sí habrá contrapesos en el gobierno de López Obrador.

El triunfo del Movimiento de Regeneración Nacional, Morena fue contundente. En estados como Hidalgo no le dejaron nada al PRI.

Si nos acercamos al Estado de México, el panorama es desolador. Morena le deja un solo distrito electoral local de los 45 y al PAN le deja dos. De los 125 municipios mexiquenses, el PRI gana solo 23.

Sin duda este proceso electoral vino a sacudir el sistema de partidos en el país. Marcará un antes y un después del actual partido en el poder, el PRI.

Morena, con apenas cuatro años de edad, logró un éxito arrollador que lleva a la fractura en algunos partidos, y la desaparición de otros.

El Partido Acción Nacional termina la jornada enfrentando divisiones profundas al interior de su organización; el PRD queda en los huesos, pues sus músculos emigraron hacia otros lares.

A Nueva Alianza le tocaran las golondrinas, igual que a Partido Encuentro Social.

Estos dos últimos, a pesar de perder su registro, tendrán representación en el Congreso.

El saldo que quedó, se resume en un montón de hombres enfrentados entre sí y sin saber cuál será su nueva ruta.

El gran perdedor, el Revolucionario Institucional. Enrique Peña Nieto impuso al PRI un candidato inexperto en la política y ajeno a los postulados del partido que lo postuló.

¡Peña Nieto se equivocó! Y dejo hecho trizas al PRI. Los clavos que crucificaron a José Antonio Meade fueron:

  • El descrédito del Presidente de la República que además arrastra una alta reprobación social
  • Un Partido político que no lo quiere.
  • Y la pésima campaña diseñada por un grupo de bisoños.

La tribu “itamita” difícilmente encontrará espacio igual al que usufructuó en este sexenio.

Peña Nieto, el último heredero en funciones del llamado “Grupo Atlacomulco”, acabó con el legado de su paisano Isidro Fabela, fundador de esa cofradía, de la que también es sobreviviente Arturo Montiel Rojas.

Don Isidro Fabela, oriundo del pueblo de Atlacomulco, nació en 1891 en la Hacienda El Salto. Abogado, periodista diplomático y político, llegó a gobernar el Estado de México en 1942.

Sin cubrir los requisitos constitucionales, protesta como gobernador interino, a la muerte de Alfredo Zárate Albarrán, asesinado por un lío de faldas.

Isidro Fabela procedió rápidamente a corromper a los diputados locales para que modificaran la constitución estatal y se pudiera quedar como gobernador sustituto y además ejerciera su gobierno a distancia, desde Cuernavaca, Morelos, desde donde realmente vivía.

Don Isidro se da a la tarea de reunirse con atlacomulquenses que representaban intereses económicos y políticos en el Estado,

Integra a su gabinete a Adolfo López Mateos -nacido en Atizapán de Zaragoza-, a Mario Colín y a Alfredo del Mazo Vélez de Atlacomulco.

El gobernador abre así la puerta mexiquense a la simulación democrática y da paso a la formación de la cofradía llamada Atlacomulco, una clase que controlaría más tarde, parte de la política nacional.

A la muerte de don Isidro en 1964, asumió el liderazgo Carlos Hank González, a quien Fabela había conocido en Atlacomulco, cuando había llegado como maestro de primaria.

Los gobernadores subsecuentes se fueron sumando a esa élite política, aún cuando no todos eran oriundos del mismo pueblo.

Hank González era de Santiago Tianguistenco, Alfredo del Mazo Vélez, abuelo del actual gobernador mexiquense, y Salvador Sánchez Colin sí habían nacido en el polvoso pueblo, como Montiel Rojas y Peña Nieto.

Alfredo del Mazo Gonzáles nació en Toluca y el doctor Jorge Jimenez Cantú tampoco era de Atlacomulco.

Todos ellos, además de Mario Ramón Beteta, Alfredo Baranda, Ignacio Pichardo, Emilio Chuayffet y Cesar Camacho, se asieron a ese club político, cuya divisa -de unos más y otros menos- fue la conspiración para llegar al poder.

El Estado de México se distinguió en las últimas cinco décadas por tener una clase política sólida; y es que a partir de Isidro Fabela -padre y tutor político del grupo- con todos los gobernantes mexiquenses se sucedieron las prácticas políticas que le dieron identidad al famoso “Grupo Atlacomulco”.

Le tocó a Enrique Peña Nieto, único atlacomulquense en activo, cerrar la puerta de ese espacio de políticos empresarios, a quiénes hoy llaman “la mafia del poder”.

Hoy, el actual gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Masa, no entrega buenas cuentas a sus antecesores en estas elecciones para renovar alcaldías y congreso local .

Su partido, el PRI -otrora poderoso y prepotente- gana una sola diputación local de las 45 que confirman el Congreso y de las 125 alcaldías, ganó apenas 23.

El torbellino Andrés Manuel López Obrador, cimbró al PRI y enterró al “Grupo Atlacomulco“.

Así se escribe parte de la historia de un Partido octogenario y hegemónico que gobernó México a placer y de una cofradía poderosa, cuyos principios fueron siempre: el poder económico ¡de la mano del poder político!

No hay de otra: ¡Digamos la verdad!