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La influencia sobre Donald Trump de su asesor extremo, Steve Bannon, fue vista siempre como un peligro. Su remoción es en principio un alivio.

Pero el caso Trump es tan extremo que la ausencia de Bannon en su oído puede ser también un riesgo, incluso un riesgo mayor.

Esto es al menos lo que puede deducirse del texto del consejo editorial de The New York Times sobre el despido del hombre que ha dicho que quiere dinamitar el sistema y empezar de nuevo, como Lenin.

Lo primero que recuerda el Times es que Trump esgrimía argumentos atribuidos a Bannon, como las mentiras del nacimiento de
Obama y dicterios racistas, mucho antes de que Bannon entrara en escena.

Antes de Bannon estaba ya claramente dibujada en la agenda electoral y en el discurso de Trump la estimulación de los peores impulsos nacionalistas y ultraconservadores del país.

Fue el camino de Trump hacia parte del electorado blanco, que respondió con pasión a su mensaje y empezó a salir del clóset donde lo tenía encerrado la contención del discurso político dominante en Estados Unidos, discurso de la corrección política, sí, pero también de los más altos valores de la democracia estadounidense.

La salida de Bannon de la Casa Blanca, dice el Times, es el fin de una “pesadilla viviente”. Pero puede ser también, por extremo que parezca, el fin de una contención a los impulsos más primitivos y descontrolados del propio presidente.

Bannon, recuerda el Times, descarriló la idea de usar la fuerza contra Corea del Norte y de ampliar la intervención en Afganistán.

Discrepó del despido de James Comey, director del FBI; de la campaña contra Jeff Sessions, el procurador, y del desastroso nombramiento de Anthony Scaramucci, paradigma del ridículo trumpiano, como director de comunicación.

Bannon apoyó en cambio el nombramiento de John Kelly, como chief of staff, nombramiento que eventualmente llevó a la salida del mismo Bannon de la Casa Blanca.

Bannon era un peligro, dice el Times, pero era “más listo y complejo que su ahora ex jefe” (http://nyti.ms/2xgjXb3). Es decir, que Bannon era un riesgo, pero Trump sin Bannon puede ser un riesgo peor.

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