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Se preguntaba ayer el New York Times si la tendencia triunfadora de Kamala Harris en los estados Unidos sería duradero o solamente una llamaada de petate, aunque llá en la calle 42 no estén familiarizados con el término.

En el patrón clásico del periodismo norteamericano, de presentar ambos lados de la historia, los autores defienden la posibilidad de permanencia en el liderazgo de la candidato mujer asiática y negra así como los del lado contrario de revertirla. Los principales argumentos en favor de la señora Harris son el retiro de Joe Biden, el apoyo unánime del partido Demócrata y la atmósfera legre y positiva de su Convención. Todo ello se traduce a que Kamala representa un cambio, mientras si Biden insistía en la reelección era una version de más de lo mismo. Aquí por lo menos hay un nuevo inicio.

La debilidad de los ataques de Trump en su contra son su banalidad y vulgaridad, comenzando por su cuestionamiento a los orígenes étnicos de la señora Harris. Sus referencias a su nombre como Kamabla-blah-blah y oros similares, como Kamala Kamaleon, son francamene patéticos.

Reflejan uno de los aspectos más negatvos del perfil de Trump, su veleidad. Precisamente es Trump el inclinado a cambir burscamente de opinión o postura sobre cualquier tema.

Tomemos el tema de los debates entre los candidatos.

El único que estaba acordado antes de la retirada de Biden es el que debe celebrarse este 10 de septiembre en la cadena ABC. Trump lo había aceptado desde su origen. Luego pidió otros dos debates, uno en la cadena FOX, inclinada al pelipintado y otro en la NBC. Ayer dejó entrever que probablemente no asistiría al de septiembre 10; los observdores dicen que no le gustó el contenido de unprograma de opinión en esa cadena y ese es el motivo.

Muy al estilo de Lopitos en su relación con los medios.

Kamala Harris está dispuesta a ir a los debates que sean necesarios; ha demostrado que tiene la retórica y los contenidos muy sólidos para convencer a los indecisos, que de eso tratan estas elecciones pesidenciales de noviembre en los Estados Unidos.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): la maestra milagrosa que el presidente López mandó a gobernar el estado de México resultó como la carabina de Ambrosio: no dispara ni en defensa. MIentras tanto, los habitantes de numerosas colonias de Chalco siguen viendo inundadas sus casas por las aguas negras.

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