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El desacierto de Vogue

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

En lo personal, estoy con los que creen que la elección como portada principal fue un desacierto total, aunque claro está, todos estamos aquí hablando de ella y de ellos

La revista Vogue ha cumplido con la tradición desde hace 92 años de entrevistar, fotografiar y llevar en sus portadas a las primeras damas de Estados Unidos.

La primera en aparecer fue Lou Henry Hoover, la esposa del presidente Herber Hoover por ahí de 1929. Jackeline Kennedy, Nancy Regan, Hillary Clinton y Michell Obama han engalanado la portada y el interior de la revista, con fotografías que las muestran como mujeres con su propia personalidad y fuerza.

Escenarios cargados de opulencia, collares de perlas, diseños exclusivos y todo en grande, en espacios tan amplios que las primeras damas eran colocadas como trofeos y con un gusto exquisito.

Claro, también habrá que remarcar que en el mandato de Donald Trump desde el 2017 al presente, la primera dama Melania Trump no fue considerada para continuar con la tradición de darles voz y proyección para difundir sus programas sociales, sus acciones dentro de la Casa Blanca y sobre todo consolidar una imagen tan imponente e icónica que dejó Michelle Obama.

Todo ha quedado entre rumores y verdades entrecortadas de las diferencias entre la editora de Vogue, Anna Wintour con la Sra. Trump y por supuesto con la política del actual presidente.

“Tienes que defender lo que crees y tienes que tener un punto de vista”, declaró la famosa y polémica editora en alguna entrevista, si mal no recuerdo.

Así que en la línea de tiempo editorial habrá un ligero espacio que no pasará desapercibido, pero que retomó la cercanía con la política estadounidense con la primera aparición en portada de la Madam Vicepresidenta electa Kamala Harris.

Las fotografías fueron tomadas por Tyler Mitchell, uno de lo fotógrafos más solicitados en estos últimos tres años. Vive en Brooklyn y en el 2018 fue el primer fotógrafo negro y con solo 23 años en hacer una portada para Vogue y nada menos que a Beyoncé.

La sesión fue a finales del año pasado al igual que el cierre y su envío a imprenta. Ayer fue que circularon estas portadas de manera digital, principalmente donde aparece frente a un fondo rosa, con un blazer y pantalón color negros, con sus inseparables Converse.

La fotografía luce a primera instancia una de esas tomas que se realizan previo a pedirle que pose, como para medir la luz, para ir entrando en confianza, para conocer y reconocer a la modelo, en este caso a la ahora Vicepresidenta de Estados Unidos.

No es tan sencillo hacer fotografías de portada y mucho menos con personajes poderosos de la política, no es lo mismo ni se compara cuando los que posan están relacionados con el mundo de la moda o el entretenimiento, porque aunque no sepan posar tienen un poco de ritmo y conocimiento sobre lo que son sesiones fotográficas con jóvenes fotógrafos y para una revista tan importante como Vogue.

Kamala luce incluso como sorprendida, una sonrisa y una mirada de ligera comodidad, más no en la absoluta confianza de mirar a donde tiene que mirar y de colocar su cuerpo de la manera más correcta para proyectar en un mensaje no verbal, su posición, personalidad y su compromiso ante su país y su gente.

Kamala Harris tiene 55 años, es abogada, exfiscal, ex senadora y originaria de Okland, California. Su historia en la política tiene más de veinte años, su elegancia, sus collares de perlas, sus sacos de color oscuro y sus tenis converse, también son parte de ella.

Es una mujer que se ha plantado a donde va con la postura de ser y saberse cercana la gente y a las mujeres. Los tenis le inyectan jovialidad, energía, dinamismo, y empatía, valores que balancean de manera perfecta su proyecto con el presidente electo, Joe Biden.

 

Portada de Vogue con Kamala Harris. Foto de Vogue

 

Una mujer progresista, que sabe que el trabajo en la política implica postular cambios desde dentro, tan es así su vehemente ímpetu en señalar a los funcionarios del gobierno de Trump en sus malos manejos.

Se convirtió en la primer senadora mujer norteamericana con raíces asiáticas en competir por el cargo de vicepresidenta y hoy espera solo unos días más para ser investida como la primera mujer y primer vicepresidenta de color.

Los artículos de crítica han salido a relucir de distintos medios internacionales, efecto perfecto para dar de qué hablar y que todos estemos al pendiente de la edición de Vogue.

Sin duda en temas de imagen hay más desaciertos que aciertos en esta ocasión, puesto que las conversaciones que han salido a la luz del equipo de trabajo de Harris con el de Vogue, dan a entender que no se cumplió con lo que se había pactado.

Es decir, la portada negociada, tratada y hablada entre ambos equipos era la segunda imagen que hemos visto, en donde aparece con un traje azul cielo, blusa blanca, brazos casi cruzados frente a un fondo dorado.

En eso habían quedado, el resto sería una serie de imágenes para el interior o bien para su uso en redes.

Pudo haber sido un gran acierto para la revista una doble portada, o mejor conocida como un gatefold, en donde una imagen se ligara con la otra en una secuencia de momentos, permitiendo mostrar y posicionar la seriedad y formalidad de la Primer Mujer Vicepresidenta.

Portada de Vogue con Kamala Harris. Foto de Vogue

 

La imagen con sus Converse es casual, no tiene fuerza ni personalidad. Aquí le hablo en temas visuales, mero poder de la imagen política, no de ella.

La primera portada en Vogue para anunciar que una mujer que ya se ha convertido en un ícono, ha llegado a la vicepresidencia, y elegir una foto tan casual, sin una mirada directa y con un parado tan casual, coloca en desacierto a la revista de Wintour.

Por supuesto, dejando de lado el glamour que caracteriza a la revista con la política estadounidense.

El siguiente desacierto es el contraste que quisieron lograr con la iluminación y los colores de fondo, con el color de la piel de Harris. Si bien no tiene una téz totalmente oscura, tampoco es tan blanca como aparece en las imágenes.

El aclaramiento de tono, evidencia que algo allí adentro prefirió no respetar los colores neutros de Tyler Mitchell, quien sabe bien cómo fotografiar las pieles oscuras con luz natural y darles un revelado perfecto.

Mitchell ha dicho que  “la fotografía es un medio destinado a ser visto por mucha gente”, lo cual sabía que lo que haría con esta mujer y su lente iba a dar de qué hablar.

En la informalidad también se encuentra el glamour, no hay nada de malo en utilizar Converse o en aparecer en una actitud tan seria, es cuestión de echar una hojeada a las múltiples sesiones que tuvo Michelle Obama para entender lo que le digo.

En lo personal, estoy con los que creen que la elección como portada principal fue un desacierto total, aunque claro está, todos estamos aquí hablando de ella y de ellos, detalle que les favorece lo hayan hecho, como lo hayan hecho.

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