El cuento de la buena pipa

RubenCortes

Rubén CortésCanela fina

En lugar de solucionar los problemas de su gobierno con políticas públicas, Andrés Manuel López Obrador ha recurrido a los discursos con carga ideológica

Las cartas están echadas: para resolver los problemas que enfrente en su mandato, la actual administración se decidió por un gobierno de una persistente y marcada carga ideológica, en lugar de construir políticas públicas, evaluar riesgos y actuar en consecuencia.

De ahí que el presidente dedique su tiempo a largas horas de contacto con la prensa, para que ésta sirva de caja de resonancia a sus consecutivas apariciones en público, así como al efusivo trato diario con la gente, en lo que parece lo que es: una campaña política inagotable.

Y, en eso, es un maestro impar: sabe bien qué y por qué lo hace. Por ejemplo, mientras su antecesor lo primero que hizo fue intentar frenar la polarización del país con el Pacto por México, él la aviva. Trotsky le llamó la “Revolución permanente”. Aquí es “la campaña permanente”.

Por eso sigue siendo un político provocador, aun en su cargo de presidente. Ayer, por ejemplo, en una crisis de gravedad homérica (91 muertos y 52 heridos por vacío de acción oficial ante la explosión del ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo) lo hizo… como en plena campaña.

Al anunciar la compra, sin licitación, de 571 pipas para transportar gasolina, a un costo de 85 millones de dólares, espetó: “Como no tenemos problemas de conciencia, porque no somos corruptos, por eso se actuó como se hizo (sin licitar)”.

Sí, fue una provocación, en un país como México, donde la sociedad civil y las oposiciones políticas de turno han peleado desde 1990 al menos porque la transparencia, el derecho de acceso a la información y la rendición de cuentas vayan por encima de las personas.

Sin embargo, así será. Como también será que los conductores de esas pipas ganen 30 mil pesos mensuales, más prestaciones; mientras que un policía federal de élite gana la mitad o un nuevo miembro de la Guardia nacional, unos 10 mil pesos mensuales.

Y un estudiante de medicina con cinco años de estudios recibe del gobierno una beca mensual de mil 870 por jornadas de 12- 36 horas. Pero los jóvenes que ni trabajan ni estudian, integrados al programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” recibirán tres mil 600 pesos mensuales.

¿Tiene lógica? No. Casi nada tiene lógica en la toma de decisiones de esta administración. Si se roban las gasolina, la raciona y cierra los ductos. Si pinchan un ducto, lo cierra cuatro horas después, éste explota y mueren 91. Pero la mayoría aprueba sus decisiones: lo dicen las encuestas.

Entonces, mantendrá su rumbo actual: toda la carga ideológica del “nosotros los buenos contra aquellos los malos”, culpar “al pasado corrupto” por todo, improvisar en cada crisis y usar siempre al presidente como mascarón de proa…

De manual.

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