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Todo mundo sabe que México tiene un matrimonio disfuncional con Estados Unidos. Casi todo mundo se ha dado cuenta de que tenemos un affaire con China. No una aventura de verano, sino una relación larga con muchas cosas en la oscuridad. Está el contrabando multimillonario, supongo que alguno que otro asunto diplomático, pero también el misterio de las inversiones. China es uno de los mayores inversionistas en México, pero no aparece en el Top 10 de las cifras oficiales.

El Dragón es nuestro segundo mayor socio comercial, dicen los números. Tenemos un intercambio comercial que asciende a más de 120,000 millones de dólares anuales. ¿Somos socios? La balanza comercial está muy desbalanceada. Por cada dólar que les vendemos, ellos colocan 11 dólares en México.

Somos grandes clientes, pero nos falta mucho para poder decir que somos socios. En el primer semestre del 2025 les vendimos 5,592 millones de dólares. En el mismo periodo les compramos bienes por el equivalente a 62,127 millones de dólares.

El déficit con China se lleva una parte del superávit que México tiene con Estados Unidos. Recordemos que, entre enero y julio de 2025, fueron 112,587 millones de dólares el diferencial entre nuestras ventas a Estados Unidos y nuestras compras a ese país.

China no es un enemigo, sino un país tremendamente exitoso, le oí decir al economista Jeffrey Sachs en una reunión del Banco Mundial. ¿Así hay que verlo? Ha conquistado el mercado mexicano en todos los campos: productos masivos de consumo, como juguetes, ropa y calzado; en bienes de consumo duradero, por ejemplo automóviles y muebles. También es proveedor importante de insumos para nuestras principales industrias de exportación; sus autopartes y componentes electrónicos son imprescindibles para nuestros grandes exportadores.

La presencia mexicana en el mercado chino es marginal. ¿Por qué? No hay evidencias de proteccionismo del gobierno chino, más bien una mezcla de poco interés de las empresas mexicanas y la imposibilidad de replicar las exportaciones manufactureras que hacemos a Estados Unidos. Después de todo, China es la fábrica del mundo, ¿qué podríamos venderle? México exporta carne de cerdo, frutas y vegetales, tequila y algunos productos mineros, como cobre.

¿Es posible competir con China y revertir el déficit comercial? Se preguntaron los equipos económicos de muchos gobiernos, entre ellos el de Calderón y Peña. Entendieron que no. Hace 20 años era principalmente un asunto de costos. Imposible competir con un país que tiene una escala gigante, una estrategia para conquistar el mundo y una cartera gigantesca para otorgar subsidios masivos. En los últimos años, China se ha vuelto supercompetitivo también en industrias donde la innovación y la alta tecnología son fundamentales. Son los autos eléctricos, los teléfonos inteligentes. También trenes, equipos de telecomunicaciones, paneles solares y soluciones de ahorro de energía e inteligencia artificial.

¿Hubo presión estadounidense para que México impusiera aranceles? Seguramente sí. Vivimos tiempos proteccionistas en los que el nearshoring se convirtió en friendshoring y alliedshoring. Estados Unidos espera y exige que México se comporte como un aliado. Eso implica tomar distancia de China y dar señales claras de fidelidad. Volvamos a la metáfora del matrimonio disfuncional. Este es un momento difícil. La relación extramarital debe terminar.

¿Qué sigue? El gobierno mexicano justifica la decisión de imponer aranceles como una medida que puede beneficiar a los productores nacionales. Si lográramos sustituir 10% de lo que les compramos, serían 12 o 13,000 millones de dólares, un punto del PIB, ha dicho el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.

Si lográramos sustituir… ¿Cómo le vamos a hacer? ¿Cuánto tiempo tardaremos? Mientras lo conseguimos, la imposición de aranceles tendrá un impacto en el precio de los bienes chinos que consumen los consumidores mexicanos. Eso quiere decir inflación y el adiós de algunos productos. Habrá también una afectación para los productores que utilizan insumos chinos en sus procesos de fabricación.

Vendrá una turbulencia diplomática de pronóstico reservado. China le está pidiendo explicaciones a México y espera que haya cambios en una propuesta que les parece agresiva. A Cancillería le toca afrontar una crisis que, sin duda, es la mayor en la historia reciente de las relaciones diplomáticas bilaterales.

¿Está preparado el sector exportador para sustituir los insumos chinos o para trabajar con aranceles de hasta 50%? Esa es una de las cuestiones. ¿Cómo será “el amor después del amor”? Escuchemos a Fito Páez.

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