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En los momentos más ortodoxos del Banco de México, cuando reinaban las vacas sagradas en la toma de decisiones de política monetaria en este país, el mantra era que ese organismo autónomo tenía como misión única hacer que la inflación fuera baja, un objetivo que hoy parece diluido.

Hoy las más recientes comunicaciones de decisión de política monetaria de la Junta de Gobierno dan la apariencia de mantener un ciclo automático de bajas en la tasa de interés como refuerzo a la debilidad de la actividad económica.

En el coro de las bajas a la tasa de referencia el único que ha desafinado es el subgobernador Jonathan Heath, pero eso ya se ha convertido en la anécdota de cada anuncio de política monetaria.

Pero hay algo más que esa disidencia, los datos de inflación no respaldan ese giro de una intransigencia con la inflación fuera de la meta del propio Banxico hacia un apuntalamiento de la actividad económica.

Los ciclos de la inflación no subyacente apuntan a que el final del año, de la mano de la temporada invernal, aumentarán las presiones en ese componente volátil que hoy ayuda a una baja en la inflación general.

Pero, más allá de ese esperado rebote de los precios no subyacentes, el indicador de los precios core, la inflación subyacente, se ha mantenido por arriba de 4.0% durante muchas quincenas consecutivas.

Los subíndices de mercancías alimenticias, bebidas y tabacos; y de otros servicios mantienen registros inflacionarios anuales arriba de 5.0 por ciento.

Es verdad que en un análisis de política monetaria los banqueros centrales no son caballos con anteojeras, esas que limitan la visión periférica, para ver solo la inflación y nada más.

Pero, en todo caso, deben comunicar de mejor manera que en su análisis de riesgo la baja actividad económica hace un trabajo de contención inflacionaria y, por lo tanto, obtienen margen de baja en la tasa de interés.

Pueden ser más claros en su visión de cómo los riesgos económicos derivados de la política comercial de Estados Unidos tienen más impacto en el crecimiento que en la inflación.

Asimismo, podrían ser más puntuales en explicar cómo aun en un escenario de depreciación cambiaria por la baja en las tasas, contrario al momento de estabilidad actual, los traspasos a los precios han sido históricamente contenidos.

Pero no hay duda de que de lo peor que hace el Banco de México es comunicar.

Las minutas de las reuniones de decisión de política monetaria son un entretenido juego de adivinanzas en los que básicamente hay que identificar dos bloques: el de los que parecen más alineados al régimen y a Jonathan Heath.

De la mano de la falta de transparencia de las minutas, la escasa, o nula, exposición pública de los integrantes de la Junta de Gobierno le quita peso al papel del Banxico.

La gobernadora Victoria Rodríguez usa a algunos medios solo como vocería, Jonathan Heath a veces se deja escuchar, siempre como el Llanero Solitario. Y los demás integrantes de la Junta de Gobierno, ¿quién los ubica?

Banxico navega sin comunicar, con pocas explicaciones del porqué de sus decisiones y, por lo tanto, con las dudas de su rango actual de autonomía respecto a las políticas de la hacienda pública.

De la mano de la falta de transparencia de las minutas, la escasa, o nula, exposición pública de los integrantes de la Junta de Gobierno le quita peso al papel del Banxico.