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Dicen los expertos en conducta humana que la actitud negativa, como la que ahora muestra el gobierno de Estados Unidos hacia lo mexicano, pueden tener una serie de consecuencias que se contagien.

Para la víctima, en este caso para México, puede implicar que se dificulte apreciar nuestras cualidades. Podemos creernos realmente, por ejemplo, que sin el libre comercio con Estados Unidos estamos condenados a la quiebra.

Es fácil, dicen los conductistas, que los afectados por una actitud negativa se pongan reactivos y aumenten su desconfianza y recelo. Es fácil enrolarse en esas conductas que justamente buscan los promotores de ese negativismo.

Puede tener un comportamiento viral y ser fácilmente contagiosa esa actitud negativa y puede despertar en muchas personas, quizá ajenas al sujeto del ataque, sentimientos negativos. En este caso sentimientos antimexicanos reprimidos entre muchos estadounidenses.

Hoy tenemos turistas desconfiados de viajar a Estados Unidos, hay rumores que se asumen como verdades sobre las deportaciones de gente con visa. Hay un sentimiento antiestadounidense que puede rayar en lo irracional de emprender boicots o marchas sin sentido.

Y del otro lado de la frontera el contagio de la actitud negativa puede llegar a terrenos tan delicados como la afectación de las remesas.

Hasta ahora los poco creativos integrantes del equipo cercano de Donald Trump no han encontrado la manera efectiva de hacer que México pague por el muro. Pero hay un legislador republicano, contagiado por ese espíritu negativo contra México, que ya puso sobre la mesa la posibilidad de gravar las remesas para obtener recursos para la barda.

Siempre han estado ahí esos dólares tan cuantiosos como vulnerables que han llegado a nuestro país de una manera abundante. El año pasado alcanzaron un máximo histórico de 26,970 millones de dólares, que en términos de pesos reflejan una cantidad impresionante de recursos muy bien distribuidos entre amplios grupos de población.

Si se aplica un impuesto de 2% al envío de remesas, como lo pretende Mike Rogers, congresista por Alabama, podría provocarse un daño patrimonial a los millones de mexicanos que envían recursos desde Estados Unidos.

Evidentemente, una medida así tiene muchas posibilidades de no pasar, o bien, de ser rebasada por la realidad.

De entrada, aplicar un impuesto dirigido a las remesas hacia un solo país debe ser fácilmente apelable. Además, si se aplican impuestos a estos envíos se generaría un mercado negro de recursos que acabaría por afectar al sistema financiero estadounidense.

Pero más allá de que pudiera no prosperar esta idea, es el contagio de ese sentimiento negativo lo que debe alertarnos en esta nueva etapa tan oscura de la relación entre México y Estados Unidos.

No es el muro, es la agresión que puedan sufrir los migrantes. No es el impuesto a las remesas, es ese sentimiento que pueden tener algunos estadounidenses de tener el derecho de pagar mucho menos a los mexicanos que contraten por el simple hecho de ser ilegales.

Es al contagio pandémico de ese sentimiento de odio al que hay que tenerle hoy más miedo.