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Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador se atreve a 50 días de las elecciones a lanzar una iniciativa para disponer de los recursos privados de los trabajadores, para traspasarlos al gobierno, lo que hace es mandar señales peligrosas.

La primera es que se siente invencible en las elecciones presidenciales, que ni siquiera una iniciativa que provoca repulsión de los trabajadores podría derrotarlo.

La segunda, es que anticipa que en caso de ganar será su agenda la que se quede como guía en Palacio y la tercera es que va por el control total de la gran bolsa privada de ahorro para el retiro de los trabajadores.

Esa iniciativa, que hoy se discutirá en la Cámara de Diputados, que quieren presentar como inocente e inocua, es un auténtico Caballo de Troya del régimen para eventualmente cumplir con el deseo de López Obrador de controlar todos los recursos del retiro para financiar sus planes.

Está claro que López Obrador no tolera que sean privados los que tengan las ganancias y ve en esos seis billones de pesos un manjar para sus proyectos.

Es el modus operandi de siempre, perder en un sabadazo la iniciativa en el Congreso, ésta se presentó en plena semana de Pascua, pasarla a la callada por comisiones y buscar que el golpe esté dado cuando todo el mundo se dé cuenta.

Ya lo han intentado antes, sin éxito. En plena pandemia un diputado de Morena, cuyo nombre no es importante porque fue un simple mensajero, propuso nacionalizar las Afore para que los recursos de los trabajadores fueran administrados por Bansefi, después Banco del Bienestar, y acabar así el Aeropuerto Felipe Ángeles.

Otro buscapiés presidencial fue aquel, prácticamente por los mismos días que la intentona de las Afore, para que se reeligiera Arturo Zaldívar como Presidente de la Suprema Corte como un camino hacia la propia reelección presidencial.

Ambos intentos autoritarios chocaron con pared y los abandonaron. Hasta ahora, que nuevamente este Presidente, que ya se va, lanza el anzuelo para apoderarse de la administración de las cuentas individuales y privadas de los mayores de 70 años y traspasarlas a su Fondo de Pensiones del Bienestar.

Además de que eso prometería ser una versión de Segalmex y el Insabi juntos en materia de ahorro para el retiro, la trampa está en que buscan que a través de una reforma en leyes secundarias se pueda dar vuelta a la Constitución. Otra vez, la forma de operar de este régimen.

Pero a partir de ahí, como hilo de media, podrían intentar jalar el resto del sistema de pensiones privadas para traspasarlas a las arcas públicas que de facto controla el Presidente y acabar con algo que hoy está muy deteriorado, la confianza.

Menos grave pero revelador es cómo queda claro que López Obrador no tiene el más mínimo deseo de soltar el poder. El viernes salió con que le va a dejar a su sucesor una carta con sus pendientes, donde deja hasta instrucciones presupuestales.

Obviamente que un triunfo opositor se enfocaría en recomponer al país y esa carta acabaría en la basura, pero claramente lo que busca López Obrador es su continuidad, con todo y mismos funcionarios incluidos.