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En seis días, Trump congeló a los gobiernos populistas nucleados por el Eje La Habana-Caracas: tras ver el domingo cómo el presidente colombiano Petro fue arrodillado rápidamente por Trump, tuvieron que suspender la cumbre que tendrían hoy en Honduras.

Y le tocó a la presidenta de Honduras exponer la derrota, al cancelar la cumbre de la cual sería anfitriona, para “construir una estrategia colectiva frente a la gran problemática de las deportaciones de Trump”.

La suspensión demuestra que esos gobiernos carecen de respuesta a las medidas inhumanas de Trump; y tienen que recibir, sin miramientos, a los mismos connacionales que antes expulsaron ellos mismos de sus países, con sus políticas populistas y autoritarias.

Aunque el más lenguaraz del grupo, el colombiano Petro, ya había reventado la reunión desde el domingo, cuando rechazó dos vuelos con deportados colombianos: pero en cuatro horas acabó aceptando “todos los términos del presidente Trump”.

El affaire Petro desnudó la debilidad política, económica y propagandística del Eje Caracas-La Habana, buscó negociar con EU con palabrería (oprimidos, opresores, buenos, malos) y Trump sólo le respondió que aplastaría su economía y punto, adiós.

Todos en el Eje entendieron que están perdidos.

Petro ya había demostrado su intemperancia durante la toma de posesión de Claudia Sheinbaum, cuando pasó por encima de toda consideración política al asegurar que Sheinbaum “es, fue miembro de la guerrilla del M-19 en Colombia en los años 80”.

Como sea, la cumbre de la CELAC suspendida para hoy en Honduras iba a ser pura palabrería trasnochada, al estilo del creador de esa manera de hacer política, Hugo Chávez, y seguida a pie juntillas por López Obrador, Maduro, Petro, Evo Morales, Ortega…

El propio López Obrador organizó en 2023 una reunión similar la que suspendió la presidenta de Honduras: la hizo en Chiapas con sus amigos dictadores que exportan migrantes a EU, porque fomentan la miseria y la inseguridad en sus países.

En Venezuela, antes del gobierno de Chávez, los venezolanos no emigraban. Al contrario, la prosperidad de Venezuela atraía a emigrados de América Latina, sur de Europa y países árabes. Hoy, se han ido ocho millones, hasta lugares como Islandia.

Y también en México: en 2018, al triunfo electoral de López Obrador, los migrantes ilegales mexicanos en Estados Unidos ya eran notoria minoría ante los de otros países. En 2007 eran 8.2 millones y 10 años después la cifra bajó a 6.2 millones.

El progreso económico y las libertades ciudadanas que propiciaron en México el TLC con Estados Unidos, en 1994, y la alternancia política del 2000, provocaron que regresaran a México decenas de miles que pudieron encontrar aquí lo que iban a buscar allá.

Pero desde 2018 volvieron a irse en masa.