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La pendenciera incontinencia del presidente López Obrador sacó lo imbécil de su par ecuatoriano Daniel Noboa, responsable de la violación a la embajada mexicana, con lo que convirtió a su agresor en víctima.

Insidiosa, la intromisión de AMLO fue la cachetada que desató una variante del famoso “uso excesivo de la fuerza” jamás visto en la diplomacia, ni siquiera en la crisis de los rehenes que duró 444 días en la embajada estadunidense en Irán.

El ofendido Noboa la llevaba bien, inclusive con la explicable expulsión de la embajadora Raquel Serur (viuda del intelectual ecuatoriano Bolívar Echeverría), hasta que en menos de 24 horas el mexicano repitió la provocación intervencionista.

En el fragor del sainete se anticipó (y en política no se dice lo que se va a hacer) que se otorgaría el asilo solicitado por Jorge Glas, el ex vicepresidente guarecido como “huésped” en la embajada desde diciembre, lo que precipitó la irrupción policiaco-militar.

El pleito empezó con el cobijo mexicano al ex presidente Rafael Correa y varios de sus ex colaboradores (uno es Ismael Daniel Tovar Herrera, hoy “coordinador general de asesores y asuntos internacionales” del jefe del Gobierno, Martí Batres).

Cumplimentar una orden de captura fue el pretexto del gobierno ecuatoriano, para el que Glas es un viejo pájaro de cuenta: condenado por soborno en dos casos distintos, enfrentaba nuevos cargos por malversación de fondos gozando de libertad condicionada, pero sospechosamente, la tarde del domingo 17 de diciembre (cuando se supone que no hay actividades consulares), la embajada mexicana le abrió sus puertas.

En 2017 el sujeto fue destituido, juzgado y encarcelado seis años por haber aceptado sobornos (hasta 13.5 millones de dólares, entre otros de la brasileña Odebrecht), y en 2020 se le acusó de lo mismo por adjudicar contratos entre 2012 y 2016.

Junto a él y otros implicados en actos de corrupción está Correa, quien afirma que todo se trata de una persecución política.

Glas fue puesto en libertad “anticipada” o “provisional” en 2022, pero ahora está indiciado por peculado (desvío de dinero) en la reconstrucción de la provincia de Manabí (devastada en 2016 por un terremoto).

El ex vicepresidente debió presentarse en una audiencia de “formulación de cargos” el reciente 5 de enero, cuando vivía ya protegido en la sede mexicana.

Para el gobierno ecuatoriano, el allanamiento y la recaptura se decidieron porque “México abusaba del uso de inmunidades y privilegios diplomáticos”.

Detalle sugerente: Roberto Canseco, jefe de cancillería en la embajada, contó:

“Estábamos por salir y de repente nos encontramos con policías, con ladrones que entraron en la noche en la embajada”.

¿Pretendería esa noche sacar sin salvoconducto a Glas para su escape a México?

Y aunque en video se ve cuando un jenízaro lo tumbó al suelo y anda con un collarín, a su inútil pataleo le puso un jocoso toque mamón:

“Físicamente, a riesgo de mi vida, defendí el honor y la soberanía de mi país…”.