De acuerdo con analistas de la industria petrolera, aunque la exportación de diésel dejará una gran derrama económica a Rusia, será insuficiente para cubrir las necesidades de Estados Unidos
En un radical viraje económico de la política norteamericana hacia Rusia, superpotencia considerada el enemigo tradicional y mayor amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos, el presidente Donald Trump anunció el levantamiento de sanciones económicas a Moscú, de manera inmediata, para la importación masiva de diésel.
Bombardeado con mensajes de aliados y candidatos republicanos a la Cámara de Representantes, Senado y gubernaturas, que enfrentan la creciente posibilidad de derrotas electorales por el alto costo de combustibles, particularmente en Kansas, Iowa y Nebraska, el mandatario anunció esta desesperada medida, con la esperanza de evitar la pérdida de las dos Cámaras del Congreso y gubernaturas en una histórica elección de medio término, en que se espera una aplastante victoria demócrata.
El presidente Trump confirmó lo que antes había anunciado en su red social Truth, que Rusia abastecerá “de inmediato” más de 300 mil toneladas de diésel al mercado global y a Estados Unidos, seguidas de 500 mil toneladas durante noviembre y mil toneladas en diciembre, lo que representa una inyección de miles de millones de dólares para Moscú.
Trump dijo que alcanzó el acuerdo “al cabo de horas de conversación telefónica con el presidente Putin”.

Trump trata también de reducir la intranquilidad social a causa de la creciente paralización de camioneros, que amenaza con escasez, carestía y desabastecimiento de alimentos y otros productos, por el alto costo del diésel.
La medida, anunciada después de que el presidente Trump invitó unilateralmente a Putin a la reunión del G-20 a realizarse en uno de sus clubes de golf en Florida —con una cuantiosa derrama económica—, automáticamente alinea a Estados Unidos con Rusia, con quien Trump y multimillonarios negocian cuantiosas inversiones.
De inmediato el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, condenó el convenio, igual que líderes demócratas en el Congreso y otras personalidades.
El presidente Zelenski dijo que “ése acuerdo es un regalo a Putin, que no contribuye a la paz ni beneficia al mundo civilizado”.
Y aseguró que los dividendos obtenidos por Moscú tras el levantamiento de sanciones económicas y venta masiva de diésel permitirán continuar —no detener— las masacres injustificadas en su país.
“Permitir a Rusia vender productos del petróleo es una inversión que permitirá prolongar una guerra injustificada”, dijo.
Charles Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado de Estados Unidos, dijo que “Trump está haciendo negocios con el diablo, en el esfuerzo por tratar de aliviar las devastadoras consecuencias de su guerra ilegal contra Irán, que disparó los precios del petróleo y diésel en el mundo”.
La medida fue vista por algunos analistas como recompensa a Putin, en lugar de medidas de presión más enérgicas para que detenga su genocidio en Ucrania, que Trump dijo en campaña “podría terminar en 24 horas”.

El mandatario estadounidense espera que su inesperado y controversial acuerdo con “Rusia, Rusia, Rusia…”, que le ha apoyado de múltiples formas en tres campañas presidenciales, ayude a aliviar el caos global provocado por la guerra fallida contra Irán, que después de miles de muertes, dispendio de miles de millones de dólares, destrucción de casi todas las bases militares estadounidenses en Medio Oriente, más de medio centenar de sofisticados aviones de combate, costosos radares y caos global, no puede terminar.
Rusia había suspendido sus exportaciones de diésel en julio, luego de devastadores ataques de Ucrania a sus refinerías, ataques que el presidente Trump exigió a Zelenski suspender.
En opinión de algunos analistas, el desesperado esfuerzo de terminar la crisis mundial por la escasez y encarecimiento de petróleo y gasolina, consecuencia de una mal planeada guerra, constituye una recompensa para Putin en momentos en que intensifica sus ataques contra inocentes ucranianos, a los que trata de condenar a un frío invierno destruyendo la capacidad de generación de energía de esa nación.

De acuerdo con analistas de la industria petrolera, aunque la exportación de diésel dejará una gran derrama económica a Rusia, será insuficiente para cubrir las necesidades de Estados Unidos.
Además, consideran que el acuerdo, que hace sentir a Ucrania traicionada por Estados Unidos, no contribuirá a reducir los precios del combustible de manera significativa.
