Dislates, mentiras y videos


carlos-marin1

Carlos MarínEl asalto a la razón

Mesura, sobriedad, moderación y prudencia son cualidades implícitas en el término austeridad: lo contrario al despilfarro, lo superfluo, el lujo y el desenfreno.

Mesura, sobriedad, moderación y prudencia son cualidades implícitas en el término austeridad: lo contrario al despilfarro, lo superfluo, el lujo y el desenfreno.

Su práctica no requiere adjetivos ni que se le asocie con regímenes políticos. Tampoco es un rasgo característico de personas en determinados niveles económicos o sociales. Ricos, pobres y clasemedieros pueden, o no, ser austeros.

La que el presidente Andrés Manuel López Obrador califica de “republicana” fue habitual en el magnate que encabezó el otrora poderoso Grupo Monterrey, Eugenio Garza Sada, cuyo guardarropa tenía solo cuatro o cinco trajes negros.

De las más austeras monarquías de Europa (le siguen las de Bélgica, Holanda, Noruega y Dinamarca) sobresale la española de Felipe VI, quien ha subido a la web los ingresos de la casa real y logrado contrastar con la escandalosa imagen de su padre y su hermana Cristina (le retiró el título de duquesa luego de las imputaciones judiciales en que vive envuelta).

Al otro extremo está la gente de bajos y medianos ingresos que gusta de ostentar cuanto puede para intentar aparentar lo que no es con un reloj pirata de marca, una camioneta o moto llamativas o falsas camisetas polo.

Pero la austeridad, como se dice arriba, entraña moderación y prudencia… inclusive al hablar.

En los días recientes la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, despilfarró la oportunidad que tiene como activo de la cuarta transformación al sugerir que los empresarios rebajen los pagos a su personal para evitar que quienes no resistan la reducción de salarios en el gobierno busquen mejores oportunidades en la iniciativa privada.

Fallido intento de suavizar el exhorto que días antes hizo López Obrador para que las y los que no acepten las nuevas condiciones en el servicio público se vayan al particular.

“No tenemos por qué brincar desde el Estado los funcionarios, los senadores, los jueces y los magistrados, a llegar a los salarios del mercado. Más bien los salarios del mercado, los honorarios y los ingresos del mercado, tendrían que ajustarse a una nueva moralidad y a una nueva ética pública de salarios justos“, dijo la señora el viernes ante las comisiones de Gobernación y Anticorrupción del Senado, tal y como consta en video.

Atrapada que fue en tamaño disparate, al día siguiente lo negó (con la receta de Trump cada que quiere desdecirse de un dislate): “Eso es fake news, eso no fue cierto”, aseguró. “Yo dije que vamos a tener, como lo indica el Presidente, mucha claridad en torno a la austeridad republicana“. Y pese a la evidencia que desbarata su desmentido, retó: “Ustedes, como miembros de los medios, les invitaría mucho a que revisen el video y la versión estenográfica…”.

Serenidad, prudencia, mesura, pero también honestidad intelectual y continencia verbal debieran acompañar los esfuerzos de austeridad (sin adjetivos) del nuevo gobierno.

  1. El carnal Bátiz, fiscal ideal

    Desde que la oposición en el sexenio anterior bloqueó al constitucionalista Raúl Cervantes Andrade, exprocurador general de la República, para que fuera fiscal general, primero, y ministro de la Suprema Corte de Justicia después, con el pretexto de que había sido diputado y senador plurinominal del PRI, he insistido en que entraña una perversa tontería pretender que un aspirante a cargos relevantes en el servicio público carezca de filias y fobias políticas e ideológicas.

    Continuar leyendo