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Lavadoras de dos patas

Vicente Fox Quesada,

a propósito de las mujeres, febrero de 2006

Desde luego que debo hacer un comentario efusivo sobre la magnífica manifestación de nuestras mujeres mexicanas el pasado viernes, que marca un hito político y social de enorme peso. Pero el fin de semana me encontré, y quiero antes compartir con quien lea esto, la ley sobre el escudo, la bandera y el himno nacionales. Me parece muy interesante.

En específico y sobre la bandera, el artículo 18 de esa ley establece las fechas –son 38- en las que la bandera debe izarse a toda asta, es decir hasta arriba. Analizando, decidí dividirlas en cuatro categorías: las de a huevo, por su peso histórico, las de veneración, las de quedar bien, y las de hueva. Procedo.

Las inevitables por derecho histórico. Desde luego el 24 de febrero, que es su día, faltaba más. Pero también los días de septiembre cuando se dio el grito, el inicio y la consumación de la independencia, el inicio de la Revolufia, o la expropiación petrolera, que ya casi llega. Los aniversarios de las Constituciones de 1857 y 1917, desde luego, así como el coscorrón que Zaragoza le dio al ejército francés en Puebla el cinco de mayo. Muy bien, bandera arriba.

Para la veneración, también debe izarse a toda asta en los aniversarios del natalicio de prohombres mexicanos como Escobedo, Allende, Justo Sierra, don Beno, Hidalgo, Fray Servando, Madero y Carranza. Vale. Hay que elevar la bandera a todo lo alto en las fechas para quedar bien: el día del Ejército, el de la Marina, el de la Aviación, el de la ONU y el Día de la Raza aunque no le plazca a la Primera Dama del país: la ley es la ley.

Luego la ley establece que el lábaro patrio (así me enseñaron de chiquito, yo qué), en ocasiones francamente de hueva o que yo no entiendo su razón de ser se debe subir a toda altura. Los días de inicio del primero y segundo período de sesiones del Congreso, así como los de su terminación. Se supone que es su chamba, ¿no? También hay que celebrar así los aniversarios del Plan de Ayutla, del de Guadalupe, la toma de Querétaro y varias otras batallas de la Reforma, o la fecha en que le partimos la jefa en Tampico al Ejército español en 1829. Yo ni enterado estaba. También la muy importante y sabia decisión en 1824 del estado de Chiapas de integrarse a la Federación, y el establecimiento ¡en octubre de 1810! del Ejército Insurgente Liberador.

Hasta aquí el artículo 18 sobre el debe de debe izarse la bandera nacional. Pero en seguida, el artículo 19 establece que el Presidente de la República puede ordenar izar la bandera el día que le dé su regalada gana. Es la ley.

Tengo la impresión de que el presidente López dispuso que todos los días a las siete de la mañana, un pelotón de soldados lleve una enorme y bella bandera al centro del Zócalo y ahí, en marcial ceremonia y con ayuda de un motorcillo eléctrico haga llegar la bandera mexicana a donde todos la podamos ver y sentirnos orgullosos de ella.

Sí, pero no.

Resulta que el que pone también puede quitar. Depende de quién esté en la plaza mayor: si es doña Claudia, o es un mitin en apoyo del presidente, hay bandera. Si es la marcha por la defensa de la democracia que convocan las retrógradas mafias del poder, no hay. Mucho menos si las que llenan el Zócalo son mujeres en reclamo de sus derechos y sus vidas. No hay bandera.

El mensaje es indudable. Al presidente López le importa un pito las mujeres sojuzgadas, discriminadas, maltratadas, asesinadas, golpeadas, violadas y constantemente agredidas en la calle, la escuela, el trabajo, el metro, la búsqueda de cadáveres perdidos, o el camión. O en su propia casa. Son lavadoras de dos patas.

Iba yo a escribir de la marcha del viernes. Yo creo que no hace falta. Nuestras mujeres hablaron claro. Y recio.

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ayotzinapa fue el inicio del fin de Enrique Peña Nieto. El asesinato de otro normalista en Guerrero no es buena noticia para Lopitos. Y al baile vamos.

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