Destrucción y credibilidad

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Héctor Aguilar CamínDía con día

La destrucción producida por la política de austeridad y el recorte a machetazos del personal de confianza en el gobierno federal es considerable

Difícil recordar un principio de gobierno más errático que el de López Obrador. Difícil también alguno con mayor credibilidad de inicio, capaz de convencer a su ciudadanía de que la culpa está en otro lado, de que sus errores son el costo que hay que pagar para limpiar el gobierno y purificar la República.

La lista de los daños del nuevo gobierno no necesita exagerarse. Me cuesta trabajo todavía creer la escena en que el Presidente electo anunció la cancelación de una inversión de 13 mil millones de dólares para un aeropuerto de clase mundial, que estaba construido ya en más de la tercera parte.

La destrucción producida por la política de austeridad y el recorte a machetazos del personal de confianza en el gobierno federal es también considerable.

En todos los frentes especializados del gobierno llueven despidos, renuncias y jubilaciones anticipadas.

El éxodo voluntario o forzoso de burócratas que saben cobró las primeras facturas en el mal manejo de importación y distribución de gasolinas de Pemex, que dio lugar la crisis de abasto sin precedente de diciembre y enero.

También considerable es la lesión al funcionamiento y la independencia de otros poderes, como el Judicial, y de diversas instituciones autónomas, como las responsables de las elecciones, de las estadísticas, de la evaluación educativa, de la regulación energética, de la medición de la competencia económica o de la educación superior.

Digna de atención especial es la destrucción de facto de las reglas del pacto federal vigente, en el camino de una centralización de todo el poder posible para el gobierno federal y de toda la fuerza electoral posible para el partido del gobierno.

La desaparición de la Policía Federal tiene un lugar y un costo aparte.

La combinación de un mal inicio de gobierno y un horizonte de bajo crecimiento en Estados Unidos ha hecho al FMI bajar la previsión de crecimiento para México a 2.1 en 2019 y 2.2 en 2020, muy lejos del 4 por ciento prometido por el nuevo gobierno.

Pero quizá la destrucción mayor es la de la polarización de las emociones y de las expectativas del país entre una mayoría que sueña y una minoría que teme.

Mañana algo sobre esto.