Minuto a Minuto

Nacional Dos ataques armados dejan cuatro muertos en Valle de Chalco
Durante una agresión fue herido el conductor de una unidad repartidora, los reportes señalan que habría sido alcanzado por una bala perdida
Deportes Mikel Arriola y Francisco Iturbide ausentes en conversatorio del Senado sobre el regreso del ascenso y descenso
Los titulares de la FMF y de la Liga MX habían sido invitados a un conversatorio en el Senado sobre la cancelación del ascenso y descenso
Nacional Iglesia de México pide a las autoridades y al pueblo “no acostumbrarse a la violencia”
La Iglesia advirtió que la violencia en México continúa arrebatando vidas, provocando desapariciones y desplazando familias
Deportes Infantino retira propuesta y abre revisión de la FIFA; ¿qué dijo?
Solicitará determinar si debe encargarse una evaluación externa independiente del actual marco de gobernanza para iniciativas estratégicas
Internacional ICE se encamina a una década sin director nombrado, tras el retiro del nominado por Trump
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se encamina a cumplir una década sin un director aprobado por el Senado de EE.UU.

En una columna publicada en este mismo espacio hace tres años, escribí que las elecciones de 2018 habían sido “un himno político a las ganas de creer”.

La columna terminaba así: “México está en modo sueño y se siente muy bien. Ya le hacía falta. Falta el despertar” (agosto 3, 2018).

Creo que aquel modo sueño ha empezado a dar paso al despertar en muchos entusiastas del sueño de aquel momento. El Presidente conserva una aprobación alta, aunque 20 por ciento menor de la que tenía en febrero de 2019, pero pierde cada semana, públicamente, en la prensa, la adhesión de votantes notables.

Reconozco la autocrítica que hacen de sus esperanzas quienes las tuvieron, celebro su honradez intelectual y su valentía, pues la reacción de los creyentes parece hoy más ácida ante los apóstatas que ante los descreídos de inicio.

No estoy en la posición del desencantado porque nunca creí en aquel sueño, pero sí estoy en la posición de hacer otro tipo de autocrítica a mi visión de entonces, o si se quiere a mi ceguera, sobre lo que iba a pasar en México.

Creí que el sueño ofrecido no iba a cumplirse, que iba a tener muy malos ratos y en general malos frutos. Pero creí también que el director del sueño iba a tener sentido práctico y profesionalismo político suficientes para reconocer y negociar diferencias, aceptar realidades y actuar razonablemente apegado a la ley para dejar entrar las demandas de la sociedad a la fortaleza del proyecto, desde entonces vago, pero desde entonces imperioso, de la así llamada cuarta transformación.

Paso a paso, se han desvanecido mis esperanzas sobre el posible pragmatismo, la capacidad de corrección, el respeto a la pluralidad y a la institucionalidad de que pensé capaz a este gobierno.

No veo en el horizonte sino a un Presidente dispuesto a imponer a toda costa su voluntad política, con un proyecto económico regresivo, una política social clientelista, que conduce a la compra de votos, y un ejercicio del poder que incluye el uso político de la justicia, mexicanísima variante de la tiranía legal.