Minuto a Minuto

Nacional Las más de cincuenta sombras del INE
         Estos caprichos cosméticos se dan ya en el período electoral y representan una inversión multimillonaria para la que carecen de presupuesto, un maquillaje cromático que cambia de colores, pero no de problemas
Nacional “Hay muchísimas fake news”: Sheinbaum niega que use drogas
Sheinbaum negó el señalamiento de una periodista que aseguró que la mandataria usaba drogas, en específico que fumaba mariguana
Nacional Suben a siete los muertos por ‘Rachel’ en Baja California
Las autoridades señalaron que tres personas siguen sin ser localizadas: un adolescente de 17 años y dos mujeres, una de 23 y otra de 42 años
Nacional Diputados aprueban en lo general cambios al ISR; sesión continuará este miércoles
Entre los cambios señalados se encuentra la eliminación de deducciones para empresas con ganancias superiores a 50 millones de pesos
Nacional SEP celebra fallo de la Corte sobre venta de “comida chatarra” en planteles educativos
El titular de la SEP, Mario Delgado, destacó que, con esta determinación, la medida se mantiene vigente en todas las escuelas del Sistema Educativo Nacional (SEN), desde educación inicial hasta el nivel superior

Calles llenó el vacío dejado por el asesinato de Obregón, en 1928, con un pacto cupular de inspiración porfiriana y novohispana.

Juntó a los hombres claves de su tiempo, civiles y militares, en un partido político desde el cual pudieran repartirse el poder que tenían juntos, acordando sus discordias, disciplinándose a sus decisiones, sin incurrir en rebeliones militares.

Eso fue el Partido Nacional Revolucionario, fundado en 1929, comandado por Calles, pero diseñado para dar cabida a todo el que quisiera disciplinarse a las reglas de negociación y el reparto del poder dentro de la Familia Revolucionaria.

El pacto provocó otra rebelión, también en 1929, pero le permitió a Calles nombrar a un presidente interino, Emilio Portes Gil, convocar a elecciones y hacer presidente a Pascual Ortiz Rubio, un personaje menor de la Familia Revolucionaria, cuyo encumbramiento fue una muestra del gran poder que había adquirido Calles como “Jefe Máximo de la Revolución”. A eso le llamamos en México “Maximato”.

No fue difícil que Calles chocara con Ortiz Rubio, quien sufrió un intento de asesinato y decidió, con prudencia de civil sin pistola, retirarse del puesto.

Calles escogió entonces como presidente interino a su paisano Abelardo Rodríguez.

Luego, para las elecciones de 1934, le diseñó al PNR un plan sexenal de gobierno e hizo candidato presidencial a su subordinado de otros tiempos, un jovencísimo general llamado Lázaro Cárdenas.

Cárdenas dio muy pronto señales de independencia y de radicalismo que Calles criticó en público.

Cárdenas echó a Calles del país en una noche, y sacó del gobierno y del ejército a todos los callistas que no se sometieron a su imperio.

Cárdenas hizo muchas más cosas como presidente, pero la fundamental fue que no intentó reelegirse, como Porfirio Díaz y Álvaro Obregón, ni imponer un sucesor que fuera su marioneta, como Calles.

Con Cárdenas quedó sellado por fin el triunfo del no reeleccionismo y del no “continuismo” mexicano.

Lo que siguió fue una época de presidentes del Gran Poder que tenían fecha fija de terminación, y se iban de la escena cada seis años, bien o mal queridos, normalmente lo segundo.

Empezó ahí la era de los presidentes del PRI, dueños del Gran Poder con fecha de caducidad, una bendita certeza sexenal que tenemos perdida en estos días de regreso al Gran Poder.