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“Nos salvamos juntos o nos hundimos separados”
Juan Rulfo

Los seres humanos hemos aprendido a un costo muy elevado que poco es lo que se puede ganar en el conflicto. Las diferencias son inevitables, resultan producto de la diversidad social, de intereses, de proyectos e ideologías, pero los retos que se nos imponen cuando ya se es gobierno son superables porque siempre habrá espacios de interés común que lleven al entendimiento. Así ocurre, por ejemplo, en la relación entre la autoridad y los empresarios. Por más tensa que sea la situación entre gobierno y empresas, es mucho lo que comparten y eso abre ventanas de oportunidades para ambos.

El gobierno tiene su función y sus responsabilidades con la sociedad. Los empresarios también las suyas, su objetivo o razón de ser y condición de existencia es la rentabilidad de sus negocios, los que a su vez generan empleo, pagan impuestos, producen bienes o generan servicios y, muy importante, promueven el desarrollo social en sus comunidades o lugares donde se asientan. Las posiciones y los intereses de uno y otro no son excluyentes, se complementan.

Por eso urgen los acuerdos. El pleito hace escalar el enfrentamiento. Muy pocas veces es una forma eficaz de hacer valer el interés o el punto de vista propio. De ahí que los pleitos, y más en política, se escogen, y de ser posible también el lugar y tiempo en el que se desahogan. No puede el gobernante ir por la vida riñendo con todos y al mismo tiempo. Es una forma excepcional de la relación entre la sociedad y el gobierno. Incluso la misma oposición que tiene como tarea contener al poder, debe definir los temas, ritmos y espacios para desahogar el debate y la contienda.

Entre los distintos ordenes de autoridad es común, también, tener diferencias. Los ayuntamientos casi siempre han resentido la intervención indebida de los gobiernos estatales sobre su quehacer, además de la falta de apoyo y en ocasiones la parcialidad a partir de afinidades políticas o partidistas. Los gobiernos estatales, por su parte, mantienen una relación complicada con el federal, en parte por un sentimiento de inequidad, especialmente en materia de presupuesto. Con frecuencia municipios y estados piden lo que les corresponde, pero no hacen un esfuerzo para fortalecer sus ingresos propios, lo que los hace más vulnerables y dependientes.

El país está ingresando a una nueva circunstancia. El desencuentro del gobierno federal en muchos frentes ha generado la falsa idea de que el camino hacia adelante será el del pleito. Allí nadie gana. Será necesario el reencuentro y especialmente entenderse a partir de las diferencias, intereses y perspectivas de cada quien. La base más sólida para la recuperación es el necesario entendimiento y la construcción de mutua confianza.

La contingencia por la crisis sanitaria ha sido un desafío monumental, a todos ha impuesto restricciones y obligaciones que modifican no solo el presente, también el futuro inmediato y el largo plazo. El desgaste que han tenido las autoridades es evidente. Los cuestionamientos se centran en el funcionario responsable de la estrategia contra la pandemia, y es tiempo de reconocer aciertos y errores. El desorden en la comunicación y lo errático de las cifras y pronósticos obligan a un ajuste que permita fortalecer la respuesta institucional y la confianza en sus acciones, como medios para lograr una conducción exitosa hacia la ruta planteada para salir de la contingencia.

Como tal, el Presidente habría de valorar el crear un grupo de trabajo o comisión que incorpore al Inegi, la Conamed, el director del IMSS, el director del Issste, la Cancillería, el secretario de Hacienda, la Secretaria de Economía, la secretaria de Gobernación, la secretaria del Trabajo y el rector de la UNAM, entre otros, para dar capacidad de acción al gobierno federal al margen de la improvisación, el protagonismo y la frivolidad en la comunicación y en el procesamiento de la información clave para conocer y contener la pandemia.

Es claro que la información debe tener varios ajustes fundamentales, entre otros, permitir la evaluación de la estrategia. Eso solo es posible si quien mide resultados no es la propia autoridad de gobierno responsable de planear y operar en el campo. Es de considerarse de igual forma que agrupar datos por entidad federativa no hace siempre sentido, para efectos prácticos. Hacerlo por centros urbanos da mejores resultados para coordinar las acciones públicas y para incentivar la participación de la sociedad. La mayoría de los Estados están regionalizados, y las ponderaciones deben atender a esta expresión territorial.

Lo que se haga bien en lo subsecuente será de la mayor relevancia para la recuperación. El conjunto del país espera del Presidente la dirección que la situación demanda. En tal empeño cuenta con el respaldo de todos. Insisto, las diferencias subsisten, pero éstas no deben obstruir el entendimiento, deben enriquecerlo y propiciar que el más amplio conglomerado posible de voluntades tenga un espacio para contribuir y participar en un proyecto que es de todos.