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El intercambio de ideas que sostuvieron el viernes pasado el presidente López Obrador y Frida Guerrera seguramente pasará como uno de los momentos más destacados de las mañaneras. Pocas veces se ve una dinámica así entre un presidente y una activista en una conferencia de prensa.

Al Presidente el feminicidio le preocupa y lo aflige. Pero su enfoque es muy distinto al de una activista como Frida, quien demanda atención y acciones específicas para combatirlo.Y no es que Frida sea una opositora del Presidente. Ella le dijo ese día que sabía que él era auténtico, pues “nos conocemos y caminamos juntos mucho tiempo”.

Después, en Twitter, escribió: “Mmm una cosa, ningún presidente se atrevió a hacer un ejercicio como la #mañanera… no se cuelguen de mí, cabrones”.

El Presidente dejó clara su posición al pronunciarse en favor de las mujeres y contra el feminicidio. Más adelante añadió: “Deseo con toda mi alma que se reduzca la violencia y que no se agreda a las mujeres”, y presentó un decálogo que fija su postura moral en torno a la violencia hacia las mujeres.

Y digo moral, porque esa es la clave para entender al Presidente. Si, como dijo, él ha luchado por causas justas durante más de 40 años, un posicionamiento a partir de principios es lo que, en su lógica, puede y debe esperarse. El discurso de la visibilidad y las políticas públicas debe ser atendido, pero lo fundamental, dejó ver el Presidente, es su compromiso personal.

En contraste, para quienes participan en los colectivos de defensa de las mujeres, la visibilidad y las políticas públicas son lo esencial. De ahí las propuestas de Frida para que el Presidente hable una vez a la semana del tema y se constituya una fiscalía especial, así como su exigencia para que este asunto sea tratado de manera específica, sin derivarlo de otros como la lucha contra la corrupción, algo en lo que el Presidente insistió.

Más allá de la diferencia de enfoques, el hecho de que se hayan ventilado las posturas en la mañanera suma a la causa de quienes, como Frida, demandan ser escuchados y atendidos. La resonancia que la mañanera dio a sus pronunciamientos difícilmente podría haberse alcanzado en otro foro.