Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

De película: viene ‘rifa dos’

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Carlos MarínEl asalto a la razón

La rifa del Avión Presidencial quedó tan lejos de las expectativas que terminó en fracaso, porque se trataba de reunir 3 mil millones de pesos

Dos días antes del sorteo con el avión presidencial como señuelo, Constanza Lambertucci publicó en El País: “La excéntrica apuesta del gobierno por el azar como gesto político ha copado cada cierto tiempo el debate público…”.

Y lo seguirá copando. López Obrador anunció ayer: “Estamos pensando que para el año próximo vamos a hacer uno también así, muy grande, muy grande…”.

Balance oficial: 4 millones 685 mil 800 cachitos vendidos, 78.09 por ciento de los 6 millones ofertados. Se recabaron 2 mil 342 millones 900 mil pesos.

500 millones del monto fue de lo asegurado a criminales que, en vez de ir al erario, aportó la Fiscalía General de la República; un millón de boletos fue regalado a hospitales y una suma indefinida fue comprada por burócratas conminados a “ser solidarios”.

Los 100 premios quedaron distribuidos así: empresarios 42, Lotería Nacional 16, Instituto de Salud 13, sindicatos cinco y no vendidos 24.

Dinero llama dinero: gracias a que los empresarios hicieron aportaciones multimillonarias a cambio de tamales de chipilín (una variante del quelite), no solo se vendió 42 por ciento de los premiados, sino además quedaron “en familia”. La rifa quedó tan lejos de las expectativas que terminó en fracaso, porque se trataba de reunir 3 mil millones de pesos.

El 6 de febrero, el Presidente anunció que “lo que se obtenga se utilizará para comprar equipos donde se atiende la gente pobre”. Mientras se vende el avión, dijo, se va a rentar. “Se subastarán 2 mil millones de pesos. Los mil restantes son completar lo del avalúo que es de más de 2 mil millones de pesos, y el resto se divide en dos: 400 millones de pesos a la Fuerza Aérea por dos años, y otra cantidad menor para las familias de los billeteros…”, detalló.

Igualmente optimista, el director de la Lotería informó entonces que con la cancillería vería en cuáles de los consulados en Estados Unidos podrían venderse boletos y que allá se les pagaría a los afortunados. Triste debe haber sido esa venta, porque ayer no hizo la menor alusión.

En cuanto a la promesa de que “lo que se obtenga se utilizará para comprar equipos donde se atiende la gente pobre”, quizá se cumpla, pero solo en 13 hospitales: seis de servicios estatales de salud, tres del Seguro Social, dos del ISSSTE y dos de la Secretaría de la Defensa (cada uno se sacó 20 millones de pesos, 260 millones en total).

Y no todo será para equipamiento médico, ya que 160 millones los ganaron ocho escuelas y 400 millones serán para el mantenimiento de la pesadilla voladora.

La nota referida de El País incluyó esta opinión del matemático mexicano Raúl Rojas, Premio Nacional de Ciencias y Artes: “A los hospitales les conviene más que les den el dinero en la mano que en boletos de lotería (…). El gobierno está participando como el actor que organiza la rifa y al mismo tiempo se reserva una parte de los boletos para sí. Es puro simbolismo”.

Pese al fracaso, en la feria nacional de la mala suerte habrá otra rifa de ilusiones “muy grande muy grande…”

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