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En su estupendo libro “La Muerte y Otras Sorpresas”, el escritor uruguayo Mario Benedetti retoma una contundente reflexión del poeta español Antonio Machado: “Se miente más de la cuenta por la falta de fantasía: también la verdad se inventa”.

Recuerdo esos versos ahora que dos acontecimientos hechos públicos la semana pasada dieron cuenta de que hasta para mentir se requiere gran capacidad y peor aún, que en los tiempos de las redes sociales, la inmediatez de la información y de una sociedad harta de la impunidad y la burla, tratar de esconder la verdad puede ser más que costoso.

El primer hecho corresponde a la muerte por estrangulamiento y/o aplastamiento de Angélica Trinidad Romero Severiano, empleada de 24 años de edad del servicio de limpieza en la tienda Perisur de la cadena departamental Liverpool, al sur de la ciudad de México. Su cuerpo martirizado fue encontrado la mañana del pasado 16 de noviembre en un cuarto de utilería, en uno de los días de mayor venta: El Buen Fin.

Más allá de los móviles del homicidio que está investigando la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), lo grave es todo el ardid construido presuntamente por el área jurídica de Liverpool que al conocer del hallazgo del cuerpo preparó una salida fácil: aparentar con el respaldo del doctor Mariano Espinosa el fallecimiento por causas médicas (infarto al miocardio) y disponer la suerte del cadáver violando los procedimientos judiciales al contratar los servicios de la Funerales Gris donde se embalsamó y arregló a Angélica para pretender cubrir las heridas y causa real de su deceso.

Hay una cadena de complicidades alrededor de este hecho. El médico Mariano Espinosa perderá su licencia más las penalidades que pudieran aplicársele. Igual la Funeraria queda en riesgo de perder permisos. Si no sucede, habrá impunidad.

¿Qué gana Liverpool como corporativo al validar esta conducta? El costo en términos de reputación y credibilidad es alto. Platicando con algunos abogados la pregunta fue ¿por qué tratar de quitar o cubrir evidencias? Como en muchos casos las hipótesis van de un lado a otro. Haber reportado el homicidio hubiera significado la clausura de la tienda justo en los días de mayor venta. Pero tal vez también, desde otra perspectiva, se temió que el escándalo hubiera sido mayúsculo en el momento por lo que se apostó a que nada trascendería. 

Me recuerda esto lo que una plática comentó algún operador de servicios de emergencia quien dijo que a la empresa donde trabajaba nunca se le iba a morir un cliente o un trabajador dentro de sus instalaciones; que lo mejor era sacarlo y urdir que la muerte había sido fuera del establecimiento o por otras causas. De esa manera se evitarían indagaciones, sanciones y hasta aplicación de penalidades en contra de los responsables. Pareciera que esa fue la intentona de quienes tomaron la decisión en Liverpool al alterar las causas de la muerte de la joven afanadora de la tienda de Perisur y esconder evidencias.

Durante el velorio, familiares descubrieron que había golpes en el cuerpo de Angélica. Esto los  llevó a presentar denuncia ante el ministerio público por lo que se practicó la necropsia que dio como resultado positivo de que se trataba de homicidio por estrangulamiento y congestión visceral, lo cual fue confirmado la semana pasada por el Instituto de Ciencias Forenses del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. No sólo los familiares sino ahora grupos feministas están protestando contra Liverpool.

El corporativo Liverpool comunicó en un boletín que estaba colaborando con las autoridades para esclarecer el acontecimiento. Pero no ha condenado ni se ha deslindando de la conducta interna que cometieron algunos de sus directivos al ordenar el entramado en que embarraron además al médico y la funeraria, así como a algunas autoridades ministeriales que –según la empresa- fueron informadas del hecho.

¿Perderá clientes Liverpool? Seguramente no. El boicot es de los temas más difíciles de construir en una sociedad diversa. Tampoco tendrá pérdidas económicas por lo que los inversionistas tampoco estarían intranquilos. Pero debe quedar claro que cuando se cuestiona la falta de seguridad y se afirma que hay impunidad en el país, ésta no sólo viene desde la autoridad, sino de particulares que practican o validan la mentira para dejar sin castigo acciones como la muerte de Angélica. En un asunto de ética. Fue un hecho grave, no un simple accidente. 

Absurdo es también mentir y mentir para tratar de tapar las razones de algunos hechos. Es el caso del delegado en Iztapalapa, Distrito Federal, Jesús Valencia, y su equipo de comunicación.

El choquecito de la camioneta Jeep Cherokee, modelo 2015, con costo de alrededor de un millón de pesos terminó siendo un encontronazo porque al delegado le salió el tiro por la culata: se investiga si incurrió en actos de corrupción por conflictos de interés.

De plano al delegado y su gente les faltó fantasía, pero demostraron un desprecio a la inteligencia de todos. Contradicciones y más contradicciones en el mar de mentiras es lo que llevó a que hubiera más dudas sobre las causas del choque. Que si estaba cansado, que si tenía gripa, que no había consumido alcohol, que si venía de la “fiesta bonita”, que si tomaba un somnífero, que si la camioneta era prestada para luego decir que era suya. Que si iba acompañado con su esposa e hija. Y que si liberó a su chofer porque ya era tarde.

A explicación no pedida, culpabilidad manifiesta, se dice en el mundo jurídico. El que se explica, se complica, me refirió alguna vez un personaje en Chiapas.

Valencia se fue enredando en un asunto aparentemente menor. Resulta que con evidencias oficiales de la Secretaría de Transporte y Vialidad del Gobierno del Distrito Federal se ha mostrado que la Cherokee es de un contratista. La Contraloría General del Distrito Federal iniciará una indagatoria de oficio. El delegado Valencia anticipó que se le encuentra responsabilidad alguna renunciará. 

La mentira puede ser costosa. Mentir deliberadamente u omitir puede tener consecuencias. En un mundo donde la información corre vertiginosamente, dónde hay una sociedad más vigilante con medios a su alcance para hacer eco de sus demandas, el manejo de una crisis debe ser atendida de manera más meticulosa; medidas en mayor dimensión las consecuencias, dentro de un contexto que pondere todas las vertientes posibles.

Apostar a la memoria corta, la apatía social, al no pasa nada o al control mediático, no siempre es la mejor estrategia. 

PostScriptum.- El asesinato de dos policías en Nueva York a manos de un hombre que advirtió en redes sociales que lo haría, en protesta por la falta de justicia en torno al abuso policiaco en contra de afroamericanos, llevó a que el Presidente Obama condenara los asesinatos pero ponderó después en una entrevista en CNN que no hay razón para que los afroamericanos sean pacientes respecto del abuso que sufren a menudo de parte de autoridades. Por ello resuena, desde Ferguson hacia toda la Unión Americana: “No Justice, no Peace”. La impunidad y el abuso se cuelan por todos lados. Y Obama tiene claro el poder de las redes sociales.