Minuto a Minuto

Nacional Ejército despliega mil 170 elementos en tres estados para reforzar la seguridad
El despliegue de los elementos militares tiene el objetivo de reforzar la seguridad y contener la actividad delictiva
Nacional El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, llega a México
El canciller Juan Ramón de la Fuente recibió al presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, en Quintana Roo
Internacional Trump afirma que EE.UU. desconocía que Israel atacaría un campo de gas en Irán
Trump advirtió que Israel no atacará el campo de gas Pars Sur en Irán, salvo si este vuelve a atacar refinerías en Qatar
Internacional Mueren cuatro mujeres en Cisjordania por impacto de misiles iraníes
Las mujeres murieron a consecuencia del ataque por parte de Teherán contra suelo israelí que afectó al sur de Cisjordania
Internacional Guerra en Oriente Medio vive una importante escalada: Zovatto
Si el conflicto se traslada al ataque de campos o centros de producción de petróleo o de gas, las consecuencias económicas de esta escalada bélica podrían ser extremadamente graves

De la historia oficial de la Revolución Mexicana, cuyo aniversario 114 se cumple hoy, han salido algunos de los cuentos más perniciosos y más difíciles de erradicar de la conciencia pública de México.

Por ejemplo, que el espíritu de esa revolución está mejor representado por quienes la perdieron, Zapata y Villa, que por quienes la ganaron, Carranza y Obregón. 

Como en otros episodios fundadores de México, en el de la Revolución Mexicana, la posteridad oficial ha ungido a los derrotados y ha puesto en un segundo plano, cuando no satanizado a los triunfadores.

Como si el pueblo de México hubiera tenido siempre la mala suerte de que no ganara en su historia los buenos, sino los malos: no el heroico Cuauhtémoc, sino el odiado Cortés. No las encarnaciones del pueblo, Zapata y Villa, sino los conservadores, pragmáticos y oportunistas, Carranza, Obregón y Calles.

El problema de consagrar a los derrotados en vez de a los triunfadores es que instala en la conciencia pública un sentimiento de inconformidad, si no es que de resentimiento, con los hechos reales de nuestra historia.

La historia oficial al uso introduce desde muy temprano hábitos mentales de aceptación y tolerancia ante flagrantes mentiras, así como una actitud ambigua ante los héroes.

Hay que llamar tiranos a los españoles y edad oscura a la colonia donde se forjó la nación. Hay que llamar padre de la independencia a un sacerdote que fracasó en su lucha independentista y hay que llamar usurpador al militar que tuvo éxito en ella y que es el verdadero artífice de la independencia de México, Agustín de Iturbide.

Hay que reverenciar constituciones que no se han cumplido nunca y celebrar guerras, violencias y sangrías que deberían más bien avergonzarnos.

La Revolución Mexicana se celebra el 20 de noviembre, día en que no sucedió auténticamente nada. Es una de las fechas menos heroicas de todo aquel hecho histórico, porque ese día, con hora precisa, Madero convocó a la rebelión… y nadie se rebeló.

La Revolución hecha gobierno inventó que compartían ideales que se mataron entre sí, y extendió su sombra legitimadora sobre los más dispares gobiernos “emanados de ella”.

Pura fabricación oficial.

(Mañana: “Más cuentos”).