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Con la 4T, la inversión alcanzó su mejor momento en octubre de 2023. El sector público apretaba el acelerador para concluir el Tren Maya y la refinería. El sector privado, nacional y extranjero, abría la cartera para tomar posiciones frente al nearshoring, ese proceso que mezclaba la geopolítica, la realidad y las ganas de creer en las oportunidades que el futuro ofrecía.

Las cosas han cambiado radicalmente y, en el rubro de inversión, ahora estamos en uno de los puntos más bajos, de acuerdo con las cifras oficiales. Desde agosto del año pasado, la formación bruta de capital fijo registra números negativos en la comparación anual. Son ocho meses y contando. El último dato es el de abril de 2025, que trae una caída de 7.7% respecto al mismo mes del año pasado.

¿Hay otros datos? Siempre los habrá, pero lo que no hay que perder de vista es que entramos en el territorio de los números rojos en inversión mucho antes de la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. Son factores internos los que impulsaron el cambio de tendencia: La redefinición del escenario político; el estrés de las finanzas públicas y la inseguridad pública. Mister T se convirtió en un amplificador de algo que empezó antes que su segundo periodo en la Casa Blanca.

El nuevo escenario político se empezó a definir al concluir el proceso electoral con el que Claudia Sheinbaum ganó la presidencia. El amplio triunfo de Sheinbaum era anticipado por los mercados y los inversionistas, pero lo que ocurrió con las elecciones de los diputados y senadores prendió las luces en el tablero. En agosto de 2024, quedó claro que Morena se quedaría con la mayoría calificada en el Congreso, gracias a esa “alquimia” que convirtió 54% de los votos en tres cuartas partes de los espacios en el Legislativo. Esto fue posible por la complacencia/complicidad del INE y el TRIFE. Permitió impulsar el llamado Plan C, que incluía 20 reformas constitucionales, que en esencia eliminaban los contrapesos en el Poder Judicial y los órganos reguladores.

Estamos en un estado de emergencia en las finanzas públicas. El déficit de 5.7% del PIB es una de las herencias más pesadas que dejó López Obrador a la administración de Claudia Sheinbaum. En 2024 se abrió una brecha de casi dos billones de pesos entre los ingresos y los gastos del Gobierno Federal. El sexenio arranca con la obligación de reducir de manera drástica ese déficit, al menos hasta 4% del PIB. Así quedó establecido en el presupuesto y así está comprometido con las agencias calificadoras. Incumplir significaría perder la calificación de la deuda soberana y abrir la caja de Pandora.

El primer semestre del año ha dejado claro que el Gobierno mexicano está dispuesto a hacer sacrificios con tal de cerrar la brecha entre ingresos y gasto. El ajuste más drástico ha venido por el lado de la inversión pública. Entre enero y mayo, esta registra una caída de 29% respecto al mismo periodo de 2024. Fueron 471,000 millones en los primeros cinco meses del año pasado. Ahora son 347,000 millones. Las tijeras se llevaron 124,000 millones, algo así como 1,300 millones de dólares menos de inversión pública cada mes.

Una caída de este tamaño no se había hecho desde 1995, cuando Ernesto Zedillo enfrentó una de las crisis más severas que haya tenido el México moderno. En un mundo paralelo del multiverso, este desplome de la inversión pública podría ser compensado con una catarata de inversiones privadas. Esto no ha ocurrido por muchas razones que caben en una palabra: incertidumbre. Los anuncios de Donald Trump, relacionados con aranceles y los cambios de las reglas del juego en América del Norte, hacen muy complicado el proceso de toma de decisiones de las empresas, ¿qué decir de la reforma al Poder Judicial y los focos rojos de inseguridad en algunas regiones o sectores?

La caída en la inversión limitará el crecimiento de mediano y largo plazo. En el corto plazo tenemos un PIB que está muy cerca de cero en los dos primeros trimestres. Esto se refleja en una reducción brutal en la generación de empleo formal. Fueron 87,287 en el primer semestre del 2025, esto es una cuarta parte de lo que se generó en 2023 y la menor cifra en dos décadas, sin contar el año en que estalló la pandemia.

¿Cuándo se reactivará la inversión? En el momento que entendamos hacia donde van los cambios, seguramente identificaremos las oportunidades de inversión, le dijo a Yolanda Morales de El Economista, Axel Christensen, director de estrategia de inversiones de Black Rock para América Latina.

La clave está en que los inversionistas entiendan los cambios, dice alguien que ayuda a tomar decisiones en uno de los mayores fondos de inversión en el mundo y un actor clave en el financiamiento de los proyectos de infraestructura en América Latina. ¿Es cosa de explicarle a los Axel Christenses del mundo o de escucharlos y hacer los ajustes necesarios para atraer las inversiones privadas que necesitamos?