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Por enésima vez marqué el teléfono de Chavo. Me urgía comentarle lo que él, seguramente, ya sabía: la difusión de la conversación telefónica entre Lorenzo Córdova y Edmundo Jacobo Molina, presidente y secretario ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE). Chavo es el caricaturista con el que trabajo el suplemento llamado “Sensacional de Política”, que se publica los miércoles en El Economista desde hace seis semanas, so pretexto de la temporada electoral que está en su apogeo. (Según el diccionario, una de las acepciones de apogeo es “el punto culminante de un proceso”. Se me ocurre, dado el ruido, las trampas, los insultos y la guerra de lodo que están provocando los asuntos electorales, crear un neologismo: Apofeo, que significa el momento en que un proceso entra a su culminación y se pone de la chingada).

El anterior paréntesis es para indicarle al lector el rato que tardé en comunicarme con el caricaturista. Después supe que no había contestado las varias veces que le marqué porque estaba terminando el minicómic del aludido suplemento (alimenticio). Esta vez, la historietita dibujada por Salvador del Toro -identidad secreta de Chavo- se trató de satélites fallidos, dedicado al Centenario, el satélite mexicano que estuvo 47 minutos en el aire y se cebó; confirmando con esto que la diosa fortuna y el gobierno federal están más peleados que Calderón y Madero. Peña Nieto está tan salado que si se le atraviesa un gato negro es mala suerte para el gato. (Señor presidente, hágase una limpia, le sugirió uno de sus asesores, pásese un huevo por todo el cuerpo. Ya lo intenté, pero no me alcancé).

Por fin Chavo contestó su teléfono. ¿Qué pasa Manuelón? -así me dice. ¿Ya supiste lo de Córdova?

-Para eso te hablo. ¡Qué poca madre! Lástima de ropita y doctorado. Como guanajuatense honorario que soy, quiero protestar por burlarse del modo de hablar del jefe chichimeca.

-Pues yo a nombre de los mirreyes mexicanos, conozco a dos, quiero también protestar por utilizar con estrechez y sin imaginación el, de por si estrecho, lenguaje mirreinal. Todo su vocabulario se limita a tres conceptos: güey, cabrón y no mames.

-Ándale, este cuate tiene lenguaje de mirrey de lento aprendizaje. Parece mentira que con los estudios que posee y los antecedentes familiares -su padre, catedrático universitario, y su madre, filóloga- repita en una conversación de poco más de un minuto cinco veces la muletilla “no mames”. Carajo, bien pudo decir “no marches”, “no manches” y hasta, tratándose de un intelectual, la frase: “no succiones”.

-Ahí sí que no succiones tú… Lo escuché en un noticiero del radio y trató de justificarse diciendo que todo fue un comentario jocoso.

-¿Jocoso? Lo que dijo no hace reír a una hiena. Y si te fijas bien en la grabación transmitida en YouTube el doctor Córdova, dice: “hay que escribir unas Crónicas marcianas de Fellini, con lo que demuestra que será doctor en investigación de teoría política pero pertenece al club de lectores de la Biblia y el telepromter, porque, por lo que oí, no creo que la literatura sea su fuerte

-Antes no dijo Crónicas marcianas de Trino.

-Eso sí hubiera sido jocoso. Pero de verás, escucha la grabación y eso se oye. Es su interlocutor quien, zalamero, como no queriendo la cosa le corrige: es Ray Bradbury. Exactamente, le dice Lorenzo, con tono de “me quitaste el nombre de la boca”. Y luego hace gala de su pronunciación en inglés: Ray Bradbury, reloaded. Y yo me pregunto qué extraña asociación de ideas habrá llevado al doctor Córdova a relacionar “las dramáticas reuniones con los padres de Ayotzinapa, hasta esto cabrón” (la reunión con los líderes indígenas) con las Crónicas marcianas del autor de ciencia ficción. No entiendo, tal vez a una persona como él, habituada a estar en lujosas oficinas, vestir buena ropa, oler a lociones finas y frecuentar restaurantes de alto pedorraje (Leduc dixit), lo impactó el contraste de sus vivencias con el México indígena, el México pobre que para él es un planeta extraño…

-Ahora sí que ¡no mames! Deja de filosofar. ¿Para qué me hablaste?

-Para que incluyamos algo de este caso de espionaje telefónico en el suplemento.

-Yo te iba a proponer lo mismo aunque tengamos que quitar algo. Vamos para allá.

Aquí se escucha el tema de Batman y Robin y se ve al que escribe estas succiones y al Chavo, cada uno por su lado, rumbo al periódico. Los vemos llegar con la diseñadora Belén Sagrero, que pone cara de: “¿Y ahora qué querrá este par?

Es Chavo quien le dice de lo que se trata y de común acuerdo eliminamos una nota que trata del segundo ahogado que ha habido en el rancho San Cristóbal. (El primero fue Felipe cuando lo visitó como candidato). Belén encuentra la ilustración adecuada y ya está: “Toro Sentado le deja de hablar a Lorenzo Córdova y amenaza con anular su voto”.

De regreso a mi casa pienso en las trampas y la nula nobleza que hay en la política.

También reflexiono: ¿por qué Lorenzo asume que el jefe chichimeca vio mucho llanero solitario? ¿En dónde se imagina que lo vio? ¿En el cine o en la tele? Lo que es vivir en una burbuja.

Ya en mi casa, encuentro una frase de Ray Bradbury: “Existen peores crímenes que quemar libros. Uno de ellos es no leerlos”.