Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Control demócrata del Senado: implicaciones económicas

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Joaquín López-Dóriga OstolazaSin Fronteras

La semana pasada se llevó a cabo la segunda vuelta para la elección de los dos escaños en el Senado correspondientes al estado de Georgia. Esta segunda vuelta se realizó porque ninguno de los candidatos, como requiere la legislación local en Georgia, llegó a 50% de los votos el pasado 6 de noviembre

La semana pasada se llevó a cabo la segunda vuelta para la elección de los dos escaños en el Senado correspondientes al estado de Georgia. Esta segunda vuelta se realizó porque ninguno de los candidatos, como requiere la legislación local en Georgia, llegó a 50% de los votos el pasado 6 de noviembre.

Después del resultado electoral del 6 de noviembre, en el cual Joe Biden ganó la presidencia y el Partido Demócrata mantuvo el control de la Cámara Baja, todo indicaba que el Partido Republicano mantendría el control del Senado ya que sus candidatos al Senado en Georgia habían alcanzado más votos que los del Partido Demócrata y además iban arriba en las encuestas.

Para alcanzar el control del Senado, los demócratas necesitaban ganar ambos escaños para dejar la composición del Senado en 50-50, la cual permitiría al Partido Demócrata ejercer una estrecha mayoría con el voto de desempate de la vicepresidente Kamala Harris.

Este escenario esperado de división de poderes aseguraba una cierta permanencia del status quo en cuestiones de política económica, evitando que el Partido Demócrata impulsara una agenda más agresiva.

Esta situación había sido bien vista por los mercados ya que hacía prácticamente imposible el escenario de un alza en los impuestos —el plan de Biden contempla, entre otras cosas, aumentar la tasa de ISR a los más ricos, es decir aquellos que ganan más de 400,000 dólares al año, de 37 a 39.6%, además de regresar la tasa de Impuesto sobre la Renta corporativa de 21 a 28 por ciento.

Sin embargo, la división de poderes también hacía poco probable la implementación de una nueva ronda de estímulos fiscales más agresiva. El resultado de la elección en Georgia de la semana pasada coloca el control del poder Legislativo y el ejecutivo en manos del Partido Demócrata por primera vez desde el 2009-2011 y abre la puerta a una agenda legislativa más ambiciosa.

Dentro de las prioridades del nuevo gobierno seguramente estará la aprobación de un nuevo paquete de estímulos fiscales para amortiguar el impacto de la pandemia en la forma de la entrega de dinero en efectivo a los ciudadanos y un ambicioso plan de inversión en infraestructura.

Estos planes no necesitan la mayoría calificada de 60 votos en el Senado. Aunque el plan de incrementar los impuestos para fondear parte del creciente déficit fiscal sigue en la mesa, lo más probable es que el Partido Demócrata espere hasta el 2022 para no amenazar con descarrillar la recuperación económica.

Aunque el resultado de la elección de Georgia la semana pasada abre la puerta a una agenda más progresista, la estrecha mayoría en el Senado requerirá que los senadores demócratas voten en bloque y para lograr esto será necesario convencer a los más moderados, lo cual probablemente excluye una agenda más radical.

El plan original para incrementar los impuestos probablemente enfrente resistencia dentro de los mismos senadores demócratas que buscan su reelección en el 2022, sobre todo aquellos que representan estados que tradicionalmente votan por el Partido Republicano.

Esto probablemente genere un plan menos ambicioso en el que el ISR corporativo se incremente un par de puntos porcentuales en lugar de regresar a los niveles que tenía antes de la reforma de Trump en el 2018.

En donde si parece haber un consenso es en el plan de estímulos fiscales, lo cual podría generar un mayor crecimiento en el PIB para el 2021 y también un incremento en la inflación.

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