Precisamente por eso, como dice un amigo mío, parafraseando al lombardo de Lampedusa, México es el país en el que todo pasa para que no pase nada
Parece ser que en este país radicalizado, en esta sociedad que ha sido llevada a la más extrema polarización en la que si no estás conmigo estás en contra mía y debo destruirte, lo único en que todos los mexicanos parecemos estar absolutamente de acuerdo es en que la crisis actual del gobierno de la Cuatrote es la más seria de todas las que tenía que enfrentar la señora presidenta con A de mujer en su ejercicio.
Por lo que a mí concierne, estimo que esa crisis magna tiene una sola raíz: el empeño decidido de la señora Sheinbaum en seguir prisionera de la inercia; en su incapacidad, o carencia de voluntad, de romper con el pasado para forjar su propio presente. Lo que es exactamente lo que dicta el canon de la política mexicana, que viene de los usos antiguos que son tan gratos de la llamada transformación y venerados por ella: el cíclico surgimiento del nuevo sol, que ha de forjar el nuevo paradigma de acuerdo a su divina procedencia. Para destruirlo todo y comenzar de nuevo.
Precisamente por eso, como dice un amigo mío, parafraseando al lombardo de Lampedusa, México es el país en el que todo pasa para que no pase nada.
Pertenezco a las generaciones que aprendieron a leer con los “monitos” que los diarios publicaban cada domingo; las historias de acción o merecedoras de secuencia llevaban en el último cuadro la palabra continuará…
Ese es el esquema que la señora Sheinbaum escogió como forma de ser recordada.
Esto no es un reproche: la lealtad es uno de los valores humanos más célebres e infrecuentes en la política. Es simplemente un reconocimiento de que su decisión es continuar el programa, estilo y modos de gobernar de su antecesor y padrino confesado, el papá de Andy. Seguir en la inercia, prolongar, continuará…
Es que, para la señora, su proyecto se llama segundo piso; el presidente de este país firma López Obrador; los fracasos más estrepitosos y onerosos para el ciudadano perpetrados por el señor de Macuspana se enlistan como logros históricos —incluso en los libros de texto de la “Nueva Escuela Mexicana”— y la política exterior de México sigue siendo de rancho chico y acomplejado, que apenas se atreve a figurar en sociedad. Continuará, como en los folletines de Victor Hugo, antecesores de la telenovela.
Es más fácil entenderlo en un ejemplo reciente y conocido por todos casi al detalle: la solicitud del Departamento de Justicia de los Estados Unidos que, independientemente de probables deficiencias de procedimiento, desenmascara a la pandilla de Rubén Rocha Moya, gobernador fraudulento de Sinaloa y cómplice de lo que queda, que es mucho, del cártel proveedor de abundantes cargamentos de un rico menú de drogas sintéticas y de las otras a los Estados Unidos.
Una verdad bien conocida en México, pero no en Palacio Nacional.
Rápidamente, la señora Sheinbaum descalificó la solicitud de una medida preventiva que no tenía más intención que impedir la evasión de los implicados: eso es una práctica común en casos como este. La presidenta exigió pruebas contundentes, que en jurisprudencia solamente se requieren cuando se inicia realmente el juicio, no en los actos preventivos. Simultáneamente, hizo de un asunto policíaco uno político, en la modalidad de conspiración, y acusó a los culpables de siempre: la derecha internacional, los comentócratas que no están a sueldo de Jesús Ramírez o Jenaro Villamil, la oposición que según ella está pidiendo a gritos la intervención armada extranjera a nuestro país.
En consecuencia, el discurso presidencial tiene la virtud de hacer encarnar la soberanía nacional en la persona, intocable en consecuencia, de Rubén Rocha Moya.
De quien por cierto nadie sabe con certeza, o quiere decir, en dónde se encuentra. A pesar de que Omar García Harfuch, el súper policía de nuestro país, dijo el otro día —yo lo oí y lo vi— que tiene asignada protección personal por cortesía del erario.
Mientras tanto, la señora gobernadora interina de Sinaloa, llamada por Rocha Moya “la meserita que ganó la tómbola”, en su primer discurso llamó gobernador al licenciado Rocha Moya, y se comprometió a seguir en sus programas y políticas.
Pos, ¿qué esperaban?
Continuará…
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): El plan de Donald Trump para el combate a las drogas es un mensaje amenazador para México.
Y uno tan fuera de forma para el heroísmo.
