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Han pasado apenas 10 días desde el aplastante triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales y no hay nadie que tenga la certeza de cómo será su gobierno.

El personaje que cerraba la campaña hace dos semanas ya se parece poco a aquel que está cerca de convertirse en presidente electo de este país.

No son pocos los que se van con la finta de que Andrés Manuel López Obrador está mandando buenas señales en materia económica, cuando realmente no sabemos nada.

De entrada, la apreciación del peso frente al dólar no es un aval incondicional al mercado como lo quieren vender los eufóricos lopezobradoristas. Hay un dólar que se deprecia frente a la canasta de divisas del mundo y el peso se beneficia de esa condición de debilidad del billete verde.

Hay ciertamente un reconocimiento a lo terso que se plantea la transición entre el gobierno saliente de Enrique Peña Nieto y el entrante. Se les ve a los que se van trabajando en línea con lo que quieren los que llegan.

Ahí, por ejemplo, está la Secretaría de Hacienda cortando el gasto público a finales de este mes. Y eso en una democracia inmadura no se toma como una innecesaria parálisis de las funciones gubernamentales, sino como un gesto de respeto a los que vienen. En fin.

Entonces, el punto de partida es muy bueno: el ganador moderándose en su discurso y con una actitud de respeto a los derrotados. Los opositores con pleno respeto a la investidura presidencial y con un ánimo de trabajar para este país.

Y en este ambiente de gentil desconocimiento de lo que viene, se hace presente uno de los focos más rojos de la agenda mexicana: Donald Trump, presidente de Estados Unidos.

Es una versión periodística que nadie pone en tela de juicio. Para el republicano, el virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, le cae bien porque cree que se parece a él.

Dicen que le llama Juan Trump. Puede no molestarle a un personaje al que de hecho le gustan los apodos, por aquello del Peje, pero de entrada eso de empezar con sobrenombres habla de la actitud del bully de la cuadra.

A diferencia de los que vivimos en este país, en el que tendremos a un presidente todopoderoso, con mayorías, amplio capital político y un halo de protección ante la opinión pública, el presidente de Estados Unidos ve a Andrés Manuel López Obrador como un inexperto del que puede abusar en la mesa de las negociaciones.

Y con lo que se puede encontrar Donald Trump en la mesa de negociaciones es una persona, efectivamente parecida a él, que sea intransigente con sus posturas y entonces acaben por enredar la relación de dos países que supera por mucho a sus presidentes.

Es muy importante que antes de negociar con el presidente estadounidense, incluso antes del primer encuentro formal que tengan ambos, los nuevos gobernantes mexicanos tengan muy claro cómo se las gasta el gobierno de la Casa Blanca.

Nadie quiere que a Juan Trump se lo vayan a chamaquear o que en esa indolencia del estadounidense acaben por complicar las ya de por sí deterioradas relaciones bilaterales.

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