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Hasta ahora ha quedado como una anécdota, una que nos debe avergonzar como ciudadanos de este país. Cuando en los medios internacionales se hace un recuento de lo que está haciendo el mundo para combatir el coronavirus (Covid-19), las imágenes que pasan de México son las de su presidente besando niños o saludando sin ningún control sanitario a las personas que se arremolinan en torno a su carismática figura.

Y los planes de Andrés Manuel López Obrador no cambian. Hoy mismo tendrá su festejo por el día de la expropiación petrolera y el sábado por el natalicio de Benito Juárez García, dos de sus fechas históricas favoritas. Y si la pandemia tuvo el mal tino de coincidir con esas efemérides, es culpa del coronavirus. ¡Las ceremonias van!

Esa actitud presidencial del “no pasa nada”, del “abrácense”, es algo más que una anécdota local. Trasciende la división interna entre los que creen que es inmune por su fuerza moral y los que lo reprueban por no ser el ejemplo para toda una nación.

El mundo lo ve y deja sentir su desaprobación y su preocupación con esa forma de conducir al país.

Éstos son tiempos en los que los capitales vuelan a la calidad y son muy quisquillosos con la evaluación de riesgos. Entre los mercados bursátiles más golpeados ayer estuvieron los mexicanos y el peso ha tenido una depreciación importante, con todo y su carácter de una de las monedas emergentes más negociadas.

El riesgo país de México se ha disparado a niveles no vistos desde la Gran Recesión de hace más de 10 años.

Claro, hay un pánico generalizado en los mercados financieros del mundo, pero hay dudas razonables sobre la capacidad actual de México de reaccionar correctamente.

¿Cuáles pueden ser los temores que rodean a México en estos momentos?

Uno inicial es la capacidad de la 4T para lidiar con estos tiempos de crisis, a la luz de las actitudes que han tomado de soslayar la gravedad de la crisis, cuando el mundo se toma muy en serio la pandemia.

Otro temor real es que hasta ahora México no ha enfrentado lo peor de la fase de contagios. La capacidad de gestionar la presencia de miles de casos está en duda ante la evidente falta de preparación de los servicios de salud, recortados en sus presupuestos e improvisados por los cambios de motivación ideológica.

Y un temor muy importante. Si Estados Unidos considera que México no tiene un manejo adecuado de la crisis sanitaria, que no quede duda de que Donald Trump podrá dar vida a uno de sus más acariciados sueños: cerrar la frontera con México. Y entonces sí, con el corte en los suministros de las cadenas industriales y con la vida de millones de personas interrumpida, podremos saber lo que es una crisis.

Esta “guerra sanitaria”, como bien la denominó el presidente francés, Emmanuel Macron, es una donde hay que lavarse las manos, pero también hay que dar la imagen correcta de ser serios en el combate a una pandemia. Y aquí no se ve seriedad.