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Tres días antes de que terminara el gobierno de Enrique Peña Nieto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) renovó con la Secretaría de Hacienda una línea de crédito contingente por 74,000 millones de dólares.

De hecho, esta renovación se dio un año antes del vencimiento de la disponibilidad crediticia que en ese momento estaba vigente.

Es muy difícil pensar que el gobierno mexicano haya dado su aval a esta renovación sin el visto bueno del gobierno entrante de Andrés Manuel López Obrador.

Vamos, el hoy presidente inició de facto su mandato desde la noche misma que ganó las elecciones. Y la prueba contundente del ejercicio del poder de López Obrador sobre la figura de presidente de cartón que cumplió Peña Nieto fue la cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco, con todo y el terremoto financiero que provocó. Se supone que si entonces la aceptó el presidente es porque estaría de acuerdo. Habrá que ver si no ha cambiado su pensamiento.

La línea contingente del FMI es como tener una tarjeta de crédito platino de algún banco, cuesta mucho mantenerla, pero garantiza tener a disposición inmediata una enorme línea de crédito por si algo se sale de control en los mercados financieros y hay que luchar contra la especulación con recursos frescos.

El Banco de México tiene contabilizadas reservas internacionales por 177,322 millones de dólares, a los que hay que sumar los recursos disponibles del FMI. Esto otorga un escudo financiero para el país de 250,000 millones de dólares, en caso de un ataque especulativo.

Sólo que todo esto, las reservas internacionales, la línea contingente, el pago al FMI por su manutención, son asuntos muy neoliberales y hasta fifís.

Seguro que en la Secretaría de Hacienda, por supuesto que en el Banco de México, le entienden muy bien a la conveniencia de pagar seguros y no usarlos.

La pregunta es si en el corazón mismo de la 4T captan con total nitidez la importancia de tener precauciones financieras ante cualquier contingencia interna o externa en los mercados.

Ahí, en el núcleo dogmático de la actual administración, donde se aplican los recortes presupuestales más irracionales de la historia de este país. En ese centro de comando, donde estos organismos internacionales siempre se han presentado como los intervencionistas extranjeros que dictan línea a México, ¿realmente saben del valor de que este país sea uno de los pocos privilegiados que tienen a su disposición esta línea crediticia mundial?

Independientemente de la letanía que hoy pueda recibir Christine Lagarde, directora gerente del FMI, sobre cómo México ya cambió y sobre la forma como se acabó con el neoporfirismo, la interrogante es si no optará el presidente Andrés Manuel López Obrador por cortar esos lazos financieros con el fondo, porque el México de la 4T no recibe más dictados imperialistas.

El escenario ideal es que de la reunión de hoy salga un compromiso gubernamental de mantener esa relación con el Fondo Monetario Internacional.

Lo bueno en este caso es que el presidente puede salir con un discurso de que México no le debe nada al FMI y que nos ven tan bien en la 4T que nos prestarían si necesitáramos.

Aunque esa es la otra mitad de la historia. Los organismos internacionales, como el propio fondo, no han dejado de notar el deterioro que se puede generar en la economía y las finanzas mexicanas por las malas decisiones asumidas durante el primer semestre de este gobierno. No vaya a ser que la señora Lagarde venga a cancelarle el plástico platinum con esa enorme línea de crédito al gobierno mexicano.