¿Cómo será el lunes de la próxima semana?


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Enrique CamposLa Gran Depresión

El lunes de la próxima semana vamos a amanecer con resultados electorales y la expectativa del cuarto partido de la selección mexicana de futbol en el Mundial de Rusia.

El lunes de la próxima semana vamos a amanecer con resultados electorales y la expectativa del cuarto partido de la selección mexicana de futbol en el Mundial de Rusia.

Veremos a los mercados reaccionando a los resultados electorales, sólo con el acuse de recibo si todo va tranquilo o con alternaciones, si hay sorpresas o disgustos por los resultados.

Tendremos grandes masas alternadas y altaneras que se envalentonarán con el resultado. Con las redes sociales como arma, algunos prometerán noches de cuchillos largos para los perdedores y otros se sentirán en la antesala de la tierra prometida.

El periodo de transición será tan complicado como lo quieran hacer los gobiernos entrante y saliente. Puede haber un ánimo de colaborar de los que se van y un espíritu de construir de los que llegan, o bien, la confrontación total.

Si hay un poco de sentido común entre los que llegan, seguro no impedirán que continúen proyectos tan importantes como la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México o la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Sin embargo, eso del sentido común no está de moda en estos tiempos.

La siguiente legislatura estudiará sus alcances, según su conformación, y podremos determinar si se convierte en una simple oficialía de partes, como en los peores años del viejo priismo, o bien, si cobrará un papel relevante como contrapeso ante cualquier planteamiento de gobierno que suene aberrante para la estabilidad.

Es tan pesada la loza del presidencialismo en este país que el Congreso no acaba de consolidar su protagonismo, tampoco su obligación de rendir cuentas. Pero si los resultados electorales permiten un balance de fuerzas entre el Ejecutivo y el Legislativo, vamos a empezar a escuchar mucho más de este poder de la unión.

Si llegáramos a ver un carro completo, se incrementarían de forma importante las tentaciones totalitarias y autoritarias que están tan a flor de piel en algunos candidatos.

Ya sin la presión de querer engatusar para conseguir votos, comenzaremos a ver las verdaderas intenciones de cómo gobernar, conoceremos los nombres reales de quienes habrán de tener responsabilidades en el poder Ejecutivo y tendremos las primeras probadas de cuáles son los planes para la conducción de los destinos de este país.

Va a ser en esa etapa, cuando empiezan a caer las caretas, en la que muchos dimensionarán lo sucedido. No serán pocos los que se pudieran sentir arrepentidos. Si tras la develación de los verdaderos planes de los ganadores no hay un discurso de moderación, el miedo se va a exacerbar.

Por lo demás, todo será como lo conocemos hasta hoy Donald Trump seguirá encareciendo la relación bilateral y la estabilidad mundial. Las presiones financieras por la incertidumbre comercial no se resolverán tan fácilmente y añadirán el componente de un nuevo punto de vista, quizá tan radical como el estadounidense. Vamos, hasta la expectativa de un quinto partido seguirá intacta.

Tendremos que ir a trabajar como todos los días, pagar las cuentas como cada mes y tratar de regresar las relaciones interpersonales a los cauces de lo cotidiano, sin la contaminación del apasionamiento de las campañas.

Dentro de una semana, empezaremos a hacer nuestros nuevos planes de vida para lo que venga en adelante.

  1. Ni bancarrota, ni Banxico mafioso

    El último pleito público que tuvieron un presidente y un gobernador del Banco de México (Banxico) se dio durante la administración de Felipe Calderón, cuando él y su secretario de Hacienda, Agustín Carstens, reclamaban al titular del banco central, Guillermo Ortiz, la prevalencia de tasas de interés en niveles altos que entorpecían la recuperación económica.

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