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El triunfo refleja el reconocimiento de los inversionistas a la credibilidad del proceso y el potencial de México.

La tercera subasta de campos petroleros fue un éxito. Una bocanada de aire fresco en tiempos de asfixia. Superó todas las expectativas, al colocar los 25 campos ofertados en un contexto de fuerte competencia entre los aspirantes. El Estado mexicano obtendrá un promedio de 63% de los ingresos brutos, en forma de regalías. Las empresas ganadoras ejercerán una inversión superior a los 1,100 millones de dólares en los próximos cinco años.

Nadie esperaba un resultado tal. El secretario de Energía se curó en salud, diciendo que colocar cinco campos sería suficiente. Off the record, en la Comisión Nacional de Hidrocarburos se aventuraban a pronosticar entre 10 y 15 campos. En mente estaban las subastas previas. En la primera, celebrada en julio, sólo se colocaron dos de 14 campos. En la segunda, fueron tres de cinco campos. En el aire estaba el desplome de los precios internacionales del petróleo y el gas. Medios especializados extranjeros también ponían énfasis en que los campos de la tercera subasta se encontraban en zonas con problemas serios de violencia.

El éxito refleja el reconocimiento de los inversionistas a la credibilidad del proceso y el potencial de México. “Es como entrar a Texas o Alberta hace 20 años”, decía un inversionista a Upstream, la publicación especializada. Si se puede hablar de ganadores entre los funcionarios públicos, hay que poner en primer lugar a Juan Carlos Zepeda, presidente de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, y a Lourdes Melgar, subsecretaria de Hidrocarburos. En ellos y sus equipos ha caído la organización de un proceso con una transparencia ejemplar. En menos de un año, pasaron del vergonzoso ponche en julio hasta el home run espectacular de ayer.

De todas las rondas de licitación anunciadas, la última del 2015 es la que se reflejará más rápidamente en las cifras de producción petrolera. De los 25 campos subastados, 19 ya están produciendo y seis están en condiciones de iniciar producción en un periodo máximo de cinco años.

Veintiún campos fueron asignados a empresas mexicanas. Los otros cuatro fueron otorgados a extranjeros que estarán asociados para la explotación con mexicanos. Los cuatro mayores campos, considerando el tamaño de las reservas que contienen, fueron ganados por cuatro empresas diferentes. La holandesa mexicana Canamex-Dutch y tres mexicanas: Lifting, Perseus y Diavaz Offshore, esta última, propiedad de Luis Vázquez, es el mayor productor petrolero mexicano, después de Pemex.

Esta tercera licitación es también la que requiere inversiones menos cuantiosas. Por ello, es “normal” que predominaran entre los ganadores contratistas con amplia experiencia en la industria, más que grupos gigantes. De manera significativa, las empresas petroleras de Carlos Slim, Alberto Baillères y Germán Larrea no ganaron ningún campo. Al parecer, están reservándose para las siguientes rondas, quizá aguas profundas, donde el músculo financiero cuenta mucho. Grupo R, propiedad del tamaulipeco Ramiro Garza, ganó un campo relativamente pequeño, llamado Secadero, en Chiapas. Este grupo es uno de los mayores proveedores de plataformas para Pemex y se espera que sea uno de los protagonistas en el nuevo sector energético.

¿Por qué fue un éxito la subasta de ayer? Valdría la pena hacer un análisis detallado. Estamos acostumbrados a diseccionar los fracasos, quizá por eso nos cuesta aprehender el éxito.