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La ceremonia de toma de posesión de la primera mujer presidenta de México —lugar común obligado— ostentó una simbología abiertamente feminista tal y como se vislumbró desde que fuera candidata triunfadora y presidenta electa: “No llegó sola, llegamos todas” —segundo lugar común obligado en esta crónica.

Para empezar, el diseño del emblema del nuevo Gobierno de México, representado por una joven mujer de rasgos y vestimenta de las mujeres de los pueblos originarios de México, que asume con honor el legado de sus ancestros, mira a la izquierda y empuña, con brío, una bandera nacional, símbolo patrio que representa la unidad, la esperanza y el orgullo de ser mexicanos.

También me pareció simbólico, el hecho de que la comisión para darle la bienvenida a la presidenta electa al recinto de San Lázaro, estuvo integrada sólo por mujeres: seis senadoras y seis diputadas. Todas ellas de los partidos Morena, PT y PVEM. Sin embargo hubo dos legisladoras de Movimiento Ciudadano que se unieron a la comitiva, Patricia Mercado y Alejandra Barrales.

Claudia Sheinbaum, estuvo escoltada por tres mujeres cadetes, atentas para lo que se le ofreciera a la presidenta durante su toma de protesta y su discurso ante el Congreso de la Unión. Y así estará siempre. Ni modo que cuando vaya al baño la escolte un soldado.

También ha sido considerado un símbolo la ropa que eligió para asumir la presidencia. Eliminó el color guinda que la identificó en campaña y ya siendo presidenta electa con el partido Morena, para lucir un vestido color marfil, que se interpreta como su deseo de gobernar para todos sin distingos partidistas. Además en tal vestimenta destacaron los motivos florales, multicolores, bordados en los puños y el lado derecho de la prenda que enaltecen el trabajo artesanal de las mujeres indígenas, en particular el de la zapoteca Claudia Vásquez Aquino, de la comunidad de Santa María Xadani, Oaxaca. Al respecto, al iniciar su discurso la nueva presidenta hizo un elogio al arte textil de las mujeres indígenas: “Tejieron y tejen textiles con manos de mujeres artesanas que entrelazan con el alma y con la vida”.

Y si de los simbólico de su discurso hablamos habría que destacar la cantidad de frases relativas al antes y al ahora en la vida de las mujeres mexicanas: “Durante mucho tiempo las mujeres fuimos anuladas. A muchas de nosotras nos contaron desde niñas una versión de la historia que nos quería hacer creer que el curso de la humanidad era protagonizado únicamente por hombres. Esa visión se ha ido revirtiendo. Hoy sabemos que las mujeres participaron en las grandes hazañas de la historia de México, desde diferentes trincheras. Y también sabemos que las mujeres podemos ser presidentas”.

Pero tal vez el símbolo más importante de la ceremonia fue el hecho de que la doctora Sheinbaum recibiera la Banda Presidencial de manos de una figura histórica de la democracia mexicana: Ifigenia Martínez; política de 94 años de edad, diputada por Morena quien, como un tributo a su patriótica trayectoria, tuvo tal distinción.

Doña Ifigenia formó parte con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, con Porfirio Muñoz y otros priistas, de la Corriente Democrática que dio origen al PRD. Entre sus méritos figuran el haber sido en 1967 la primera directora de la Escuela Nacional de Economía. También fue la primera mexicana en obtener la maestría de Economía en la Universidad de Harvard. Ha sido tres veces senadora y tres veces diputada y en 1980 fue embajadora de México en la ONU.

A pesar de su avanzada edad, con un aparato de oxígeno al que recurrió para poder soportar toda la ceremonia, doña Ifigenia, lúcida en todo momento, cuando López Obrador le dio la Banda para que se la entregara a Claudia, dijo: “Apenas me sostengo”. Pero ahí estaba.

Punto final

Hola, vengo a la Asamblea Anual de Ansiosos.

Es mañana, pero pase ya estamos todos.