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Hay una mixtura de atavismos, sabiduría popular, misticismos religiosos, y pragmatismo inevitable, en la cosa política mexicana, que deviene finalmente en la figura que mejor definió Vargas Llosa con aquello de la dictadura perfecta.

El eje central de esa perfección es la figura del Tlatoani. Del náhuatl se traduce literalmente como “el de la voz”, confiriendo así a la oralidad el principal atributo del poder: un dios, que como todos los dioses conocidos, nombra las cosas, les crea, define, califica, establece su función y manda sobre todas ellas.

Pero nos quedaríamos entonces con la mitad del concepto, la dictadura, el poder absoluto e inmutable. La perfección que Mario descubrió, es mucho más compleja y tiene resabios o pringues de Octavio Paz por aquello de nuestra soledad.

El sistema que los herederos de la farsa que se llama Revolución Mexicana, que no eran más que los jefes de las diferentes pandillas fratricidas repartiéndose un pastel, configuró mecanismos de control interno.

Los más notables y efectivos: la no reelección y la separación de poderes, que va más allá de lo que importamos de Francia: los mexicanos le agregamos a la tripartita estructura del mando, la subespecie de las tribus.

En ese contexto, el presidente de México es, y ha sido siempre, el poder personal  indiscutible, omnímodo y absoluto.

Pero no tanto.

La dictadura perfecta le impone al señor de la Silla, cotas insalvables a su omnipotencia, por instrumentos varios. En el vituperado pasado del PRI tradicional, esos instrumentos fueron las cuotas de poder cedidas a los empresarios, sindicatos, iglesia, el poderoso vecino del Norte, los medios…

El Presidente lo podía todo: pero no tanto.El presidente y su laberinto.

Doña Claudia Sheinbaum, la primera mujer en llegar a tan ambicionado papel, aparenta haber acabado con ese invisible Minotauro que le dejó su Dédalo.

A fin de cuentas, este Dédalo -el papa de Andy- dejó todo planchado para la añorada perfección: no solamente consiguió el control absoluto  del poder legislativo -aprovechando el hartazgo de los mexicanos- sino que por el camino de los abominables trucos del priísmo, al ritmo de acordeón norteño, le mandó hacer a la señora presidente con A, un sistema judicial a modo, con el 8 por ciento del padrón electoral en la farsa.Consideremos la aniquilación de los organismos autónomos como la CNDH o el INE, un pilón.

Este panóptico siniestro, podría inducir a pensar que doña Claudia aterrizó en la pista de la perfección.Y que, ella sí, todo lo puede.

Si así fuese, ante la complicidad del gobernador Rocha Moya con el narcotráfico en Sinaloa, la estulticia de Rocío Nahle, a cargo del virreinato de Veracruz, la abominable jugarreta futbolera de Cuauhtémoc Blanco y la tolerancia de Palacio Nacional a esas y otras  evidencias (y la lista es larga), yo solamente puedo concluir que, con todo el enorme poder que aparentemente tiene, con el índice de apoyo popular que le dicen sus encuestadores a sueldo, con la tolerancia del pelipintado del Norte, la señora presidente con A sigue presa en su laberinto, con su Minotauro, mitad toro, mitad hombre.

Tal vez no se ha dado cuenta. Tal vez no le han dicho. Tal vez no lo crea.

Tal vez lo aceptó obligada. Tal vez le guste.

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): De cuando en vez nos enteramos que en las lejanías, algún ministro chino es ejecutado por corrupto, o un premier de Corea del Sur pisa bote por malos manejos, y eventualmente un ex presidente peruano pasa a la historia, Alan García, en el desprestigio por su suicidio y el caso Odebrecht.

Personalmente, me impresiona mucho más la condena del fiscal general de España Álvaro García, que se dio ayer. Destituido, acosado y multado por haber filtrado información sensible bajo su control.

Estos españoles no aprendieron nada en México de las mecánicas de la corrupción. Aquí no hubiera pasado nada.

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