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Como en mi amada televisión soy poco afecto a las noticias intrascendentes de sucesos nimios para oídos necios, tarde me enteré del fallecimiento anunciado de Jesús Gallegos Rosales: sucede que, simplemente, Chucho nunca hubiera sido huésped de una puerca granja o una casa inmunda igual, de famosos que han ganado su prestigio a base de puntos que provenían del número de idiotas que pican con su pulgar un icono, sin saber lo que están haciendo.

Pues no; Chucho Gallegos es un periodista de enorme talento y fértil creatividad, que le inyectó al periodismo mexicano de este siglo y del que le antecede, un espíritu burlón que ya quisiera Noel Coward. Chucho murió, me dicen, el pasado viernes de no sé qué chingada cosa y que además me vale madre.

No es indispensable ser de cuna humilde para ser persona de talento, pero hasta donde me alcanza el cacumen, ayuda; Chucho fue pobre para poder acceder a las otras riquezas. Anduvo, como muchos lo anduvimos, deambulando por todos los oficios que prometieran pan a cambio de trabajo, hasta que encontró el oficio más bello del mundo, el de reportero. A picar piedra. Y a pasar por jefes múltiples, de Jacobo a Cantón Zetina, su último jefe.

En ese largo periplo, sin ser el único, Chucho descubrió el periodismo trivial y lo hizo suyo magistralmente: contar, con oficio y buen humor, las cosas simples que vivían los complicados seres humanos que nosotros mismos habíamos sacado de la simple vida: las estrellas.

Trivia, como cualquiera puede entender, viene del latín y quiere decir encrucijada de tres caminos. Podríamos decir que hay cosas de vida, hay cosas de muerte y hay cosas de risa, tan importante o trivial, o tal vez más, que lo demás.

Trivial ha terminado significando lo de menos importancia, lo prescindible, lo fugaz y divertido. Gallegos supo darle a esa esfera de lo trivial el peso de lo imprescindible y hacerlo un producto indispensable del lector y el televidente. De esa manera inventó, hizo y puso en el primer lugar de preferencias, el concepto de la revista TV y Novelas como algo más importante que ser el mero brazo publicitario de las telenovelas, extendido de la pantalla al papel. Tanto que hizo los premios TVyNovelas y su magnífico programa de televisión, un equivalente nativo de los óscares de la industria del espectáculo mexicano.

Lo corrieron de la revista que inventó, impulsó e hizo triunfal.

Le cedieron el terreno a una competencia cerril, vulgar y mentirosa. Chucho volvió al peregrinaje, y ocasionalmente encontró refugio con los Cantón Zetina. Nuestro sureste suele ser tan generoso como nuestro norte.

En el ocasional threesome que en los campos de golf de Miami armamos ocasionalmente con Marco Antonio Rubí, nos llamábamos indistintamente “chicuelo”. Hoy tenemos que lamentar la partida de este chicuelo, tan chicuelo que tenía mi edad. El cariñoso abrazo de mi amada Bertha y el mío, a Paty, Armando y todos los que se quedan conmigo.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): La señora presidenta con A de mujer tenía la respuesta en la buchaca: No se puede medir a desiguales con la misma regla. La prueba PISA no puede decir que los nuestros no saben contar, razonar o leer mejor que otros países, simplemente porque ellos van bien desayunados a la escuela.

Puede que sí: dos y dos son cuatro aquí. Quién sabe cuántos sean en Nagasaki. Y no tengo idea de cómo dicen en Singapur la primera frase que leí —y sí, entendí— en el libro Oriente de primero de primaria: mi mamá me mima.